jueves, 20 de julio de 2017

MONJAS DE BARRIO


Cuando tenía 22 años me atrajeron perdidamente. Me fascinaron sus casas, pisos pequeños en barrios populares o marginales siempre abiertos y dispuestos a compartir la mesa, la conversación, la escucha  con quien llamase a su puerta. 

No llevaban hábito pero se las identificaba fácilmente por los lugares donde transitaban y la gratuidad y la permanencia de sus compromisos en ellos y porque en estos espacios tenían un don especial para llegar a la gente más vulnerada y generar amistad y encuentro.