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domingo, 2 de noviembre de 2025

Vivir con nuestros muertos/as

IN MEMORIA DE QUIENES NOS HABITAN AUN CUANDO NO ESTÁN
CON NOSOTRAS FISICAMENTE

El título de este artículo no es mío, sino que es el nombre de un espléndido libro escrito por la rabina francesa Delphine Horvilleur sobre la pérdida de los seres queridos y la inseparabilidad de la vida y la muerte en la existencia humana. Junto con otro titulado A la salud de los muertos, Relatos de quienes quedan, de la antropóloga Vinciane Despret, son los libros -sin contar el Evangelio-, que más me han ayudado a integrar en mi propia vida el misterio, el dolor y la esperanza de la muerte, casi siempre inoportuna. Este noviembre, “mes de los muertos”, quiero escribir sobre ello. He tenido la suerte de que las personas queridas que he acompañado a vivir hasta el fin han sido personas que han podido vivir y morir con dignidad, conscientes del trance que atravesaban y han podido despedirse de la vida con pasión, con amor y con una inmensa resiliencia y esperanza, pese al dolor y el misterio que las atravesaba. Se puede vivir y morir de muchas maneras y yo he tenido la suerte de ser testigo de esta forma de hacerlo.

Quizás por eso el sentimiento de presencia de estas vidas en mi existencia cotidiana es constante y se me revela como fuerza, como aliento de vida y agradecimiento permanente. Mis muertos no me abandonan. Forman parte de mi día a día. Se me hacen presentes cuando me doy crema en la cara y en este gesto de cuidado la presencia de mi madre se me hace más nítidacon una sonrisa cómplice de aprobación, o cuando escucho atenta a mujeres jóvenes que andan buscando ser ellas mismas enfrentando el precio que han de pagar por serlo y trato de apoyarlas con todas mis fuerzas, como hizo conmigo otra de mis muertas más queridas, mi compañera incondicional y siempre amiga Teresa, o cuando me sumo a las movilizaciones contra el genocidio de Gaza cantando “ Libre, Libre Palestina”, como aprendí de Conchita, una de mis muertas más insumisas. Quizás, por ello, por esa naturalidad con la que convivo con mis muertas más queridas, de manera que viven en mí y conmigo a cada instante me resulta tan evocador un poema de Begoña Abad del que me he reapropiado recreándolo:

Cada día no hablo de ti, te guardo (…)

Cada vez que pronuncio palabras esenciales:

pan, agua, caricia, mano , beso (…)

silencio , libertad,

imaginación, misterio,

valentía,

presencia infinita y eterna

Dice Viciane Despret en su libro, que las teorías occidentales del duelo instan a cortar todos los lazos con las personas fallecidas, de manera que a los muertos no les queda otro rol más que el de hacerse olvidar. Sin embargo, los muertos solo están verdaderamente muertos si no les damos conversación, es decir consideración. Por ello nos urge crear y explorar de manera creativa y simbólica la relación con ellos, porque como señala también Anny Duperey, los muertos sólo están muertos si los enterramos, si no trabajan por y con nosotros. Por tanto debemos acompañarlos y ayudarlos a acompañarnos, ofrecerles y reconocerles un plus de existencia. En el momento en el que el individuo muere, su actividad esta inacabada y puede decirse que permanece inacabada en tanto subsistan seres capaces de reactualizar esta ausencia activa, semilla de consciencia. Creo que en cierto sentido la creencia cristiana de la Resurrección tiene que ver con esto y sobre todo la celebración de los muertos en tantas culturas, pero me refiero especialmente a los rituales mexicanos. Creo también que el miedo a la muerte en el Norte global tiene que ver con la ausencia de esta perspectiva.

Sine embargo hay también otros muertos, millones de muertos, sin nombre, muertos que como dice Judit Butler sus vidas no son dignas de ser lloradas, muertos sin memoria que pierden por tanto su capacidad de revelación, que esperan ser rescatados de la amnesia colectiva: los desaparecidos y desparecidas en tantas fosas comunes en México, Colombia, Argentina, Chile, etc, o en el Mediterráneo o la ruta Canaria, los más de 40.00 muertos masacrados en Gaza. Muertos que son también nuestros, por nuestro silencio o complicidad. Muertos que piden no ser olvidados y que las historias de abandono, de violencia, de injusticia, de barbarie cuyas vidas representan, nunca más se repitan, Tenemos una deuda de llanto, de grito, de justicia y reparación con ellos y ellas. Muertos que claman ante el desamor y en ese clamor esta su plus de existencia, su presencia incómoda, porque como me recuerda mi muerta más querida, mi hermana Susana, el amor es la vida y nos hace eternas, porque quien ama y es amada no morirá jamás

Pepa Torres Pèrez



miércoles, 30 de abril de 2025

En memoria de Marisa Noriega Cándano


Hace unos días nos ha dejado nuestra querida compaña mexicana y mujer excepcional Marisa Noriega, co-fundadora con su amiga entrañable Andrea González, entre otras muchas cosas de la comunidad virtual Tras las huellas de Sophia.Tuvimos la suerte de celebrar y compartir con ella su vida, hace unos meses. 

Comparto el texto sobre la alegría que hice para ella.


Gracias Marisa por tanto.
                                                                            -------

La alegría es una de las formas de presencia de la divinidad 

como flujo transformador y energizante en nosotras.

La alegría de estar juntas hoy,

de celebrar no solo la vida, que somos y tenemos,

sino la vida plena que aspiramos,

La alegría de la sororidad y el compañerismo entre nosotras.

Una alegría que viene de atrás, que tiene ancestras , que nos unen , nos preceden, nos reconcilian    

Y nos habitan para seguir alumbrando la transformación de la vida, con toda su intemperie,

en una fiesta popular sin primeras ni últimas.

La alegría, como dice la canción mexicana, de coincidir,

más allá de la raza, la clase, la  edad,  el lugar de nacimiento

La alegría insobornable,

abrazada siempre a la experiencia del sentido y del misterio

en el que somos nos movemos y existimos,

que no nos soluciona nada , pero nos sostiene método,

que es misterio, hogar y matria,


La alegría resiliente de saber que en la vida es mezcla, 

risa y llanto, principio y fin ,

 regeneración constante, pérdida y ganancia,

y por tanto confiadas hasta el  extremo 

que nada nadie podrá quitarnos nuestra alegría

La alegría querida Marisa, 

de  sentirnos convocadas para agradecer tu vida 

generosa y multiplicada en tantos encuentros,

en tanto proyectos, en tantas rebeldías,

en tantos abrazos y sabiduría compartida    

La alegría de saber que seguimos y seguiremos haciendo camino de sororidad juntas

Hasta que la igualdad, y la felicidad de las mujeres, sean costumbre