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lunes, 17 de agosto de 2026

Lectura recomendada: En este lugar carne somos, de Cole Arthur Riley

Cole Arthur Riley es una autora afroamericana que escribió este libro en plena pandemia como reivindicación y propuesta de una espiritualidad más allá de la blanquitud y el intelectualismo Es el primer libro traducido al castellano de lo que podemos llamar una espiritualidad antirracista. En él la autora nos recuerda que no basta con no ser racista, sino la importancia de ser y promover conscientemente el antirracismo, lo cual es aplicable también a la espiritualidad.

Tiene como punto de partida el reconocimiento del daño que ha supuesto en la historia de la humanidad que el ser más sagrado, que denominamos Dios, se asemejara a quien durante siglos sometiera a otros seres humanos a la esclavitud y que es una razón de justicia “arrancar la blanquitud” del rostro de Dios.Para ello no basta con crear nuevas imágenes, sino que la propuesta de la autora es perseverar y seguir observando y nombrando todas las maneras en que esa fuerza ha oscurecido el rostro y el carácter de Dios. Urge liberar a Dios del dominio y la supremacía blanca y recuperar al Dios que lava los pies y sana y obra milagros desde el poder de lo comunitario. Redescubrir a un Dios trinitario cuya totalidad emana de la multitud y la diversidad.

    Esta espiritualidad antirracista brota más que de los credos o las doctrinas, del aire que respiran las personas y las comunidades negras, de una búsqueda y descenso hacia los relatos y mitos que las sostienen, de la atención a cuanto sucede, de la fidelidad a observar lo divino en todas las cosas. Se trata de una espiritualidad centrada en la atención sagrada a los signos de resistencia donde la vida se renueva con fuerza en medio de la injusticia y la violencia. Es una espiritualidad profundamente arraigada en los cuerpos, en la tierra y en la comunidad porque no podemos sobrevivir sino es desde los vínculos y el sentirnos formando parte de algo, sin comprender que somos un pequeño estribillo en una cacofonía sagrada.

     A lo largo de 12 capítulos centrados en relatos de sus ancestros y ancestras pasados por la profundidad del corazón, la autora nos adentra en una aventura espiritual tejida en lo cotidiano que nos abre a nuevas comprensiones y vivencias de palabras como Dignidad, Lugar, Asombro, Llamada, Pertenencia, Miedo, Lamento, Justicia, Reparación, Reposo. Alegría, Memoria y Liberación.

    En definitiva, una lectura muy recomendable para quienes desean ampliar perspectivas en la comprensión y la vivencia de la una espiritualidad de la resistencia desde el  antirracismo y la fuerza de lo comunitario.

 


miércoles, 16 de julio de 2025

Ex-ponernos al riesgo y al asombro del Amor

  


La primera semana de Julio, Teresa Casillas y yo hemos acompañado unos Ejercicios Espirituales con perspectiva de género desde la pedagogía ignaciana a un grupo  mixto de 31 personas de diversos lugares del estado.    

La experiencia que hemos ofertado parte de las claves de la espiritualidad ignaciana, más allá de su literalidad, ya que hemos puesto el acento en un enfoque de género. Creemos que ha sido de gran ayuda  

-Los textos bíblicos interpretados desde una exegesis feminista y liberadora.

-La apertura de cada una de las personas y el grupo en si mismo al Espíritu- Ruah, que acude que siempre en ayuda de nuestra debilidad (Rom 8, 26).

-Los anhelos y las propias búsquedas profundas de comunión, sororidad y fraternidad que hemos ido compartiendo.

-La integralidad de la pedagogía ignaciana.

-La sabiduría espiritual de algunos compañeros y compañeras de camino que nos han precedido y que nos ha acompañado en este itinerario : mujeres bíblicas, Etty Hillesum, Simone Weill, etc,  

-Y la propia comunidad de espíritu en que nos hemos convertido en estos días 

Todo ello nos ha ayudado a re-conectar con la FUENTE DEL SER y reorientar nuestras vidas de forma agradecida, desde el riesgo y el asombro del Amor. 

Una bonita experiencia también de trabajo en equipo, como pareja de mujeres acompañantes, que nos anima a seguir haciéndolo juntas en próximas convocatorias.

Seguimos ....

Pepa Torres Pèrez 

   

 

 

miércoles, 30 de abril de 2025

LA ESPERANZA Y EL SOPLO DEL DON ( Alandar Abril 2015)

Amanezco esta mañana de Pascua con una convicción profunda en medio del panorama de políticas de la crueldad que actualmente gobierna el mundo: La esperanza no es creer que el mundo tiene arreglo, sino que tiene sentido luchar para que lo tenga, o lo que es lo mismo, la esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certidumbre de que algo tiene sentido, sin importar el resultado final (Vaclav Havel).Me lo evocan esta mañana las mujeres miròforas, que aun cuando todavía era oscuro, se pusieron en camino hacia el sepulcro (Jn 20. 1-9). Mientras el genocidio de Palestina sigue aconteciendo y los cuerpos de las mujeres congoleñas quemados vivos y convertidos en arma de guerra, cuesta creer lo que hace años proclamó Rhaner: La esperanza ama la tierra. ¿Qué esperanza nos anuncia entonces el Resucitado?.

En estos días de Semana Santa me ha estado acompañando un magnífico libro “El soplo del don” del hermano Christophe, uno de los monjes de Thibirine asesinados en Argelia en la década de los 90. De entre sus páginas destaco este texto que me ha resultado especialmente evocador: Jesús ha entrado hasta el fondo, en la miseria del ser humano, en Dios. Eso es lo que significa la entrada en el seno del Padre. Desde entonces toda situación aparente de lejanía de Dios está presente en el rostro de Cristo abandonado, y en ese rostro, la atestación de la incomprensible proximidad de Dios. Paradójicamente cuanto más lejano más presente está ahí. No tenemos ni idea de hasta donde ha ido él. No hay decaimiento ni abandono que no haya experimentado y del que no haya hecho, por su presencia lugar de la proximidad de Dios” (23/4/1995).

La raíz última de nuestra esperanza pascual creo que se fundamenta en esa proximidad. La esperanza no depende entonces de los datos de la realidad, sino que es más bien la realidad la que depende de nuestra esperanza. La esperanza que brota de la mañana de Pascua es una esperanza enlutada, que no es ingenua, ni romántica, sino que emerge de un cuerpo partido y repartido no para legitimar las cruces del mundo, sino para ponerse en el lugar de los crucificados y crucificadas y acabar con ellas. Por eso la esperanza pascual no es un principio, es ejercicio. Es la práctica de la primacía del amor y la dignidad de la persona por encima de toda legalidad, política o religiosa que la vulnere. Porque es en la projimidad y especialmente en las más vulnerada donde se nos revela el misterio y el escándalo de lo más humano y lo más divino, o dicho en el lenguaje religioso más clásico, el Dios mayor se hace menor. La dimensión más trascendente de la vida se nos revela en lo más ínfimo, en lo más ordinario y vulnerado, si nos atrevemos a contemplar la realidad desde su hondura, perforándola al modo de los zahories expertos en encontrar manantiales de vida ocultos en los aparentes desiertos personales y sociales de la historia.

Decía también la filósofa malagueña María Zambrano[1], exiliada durante más de 45 años en América Latina y Francia y cuya hermana, Araceli, fue detenida y torturada por la Gestapo, gravemente enferma desde entonces, que la esperanza es aliada de la fe, es el fondo último de la vida misma. Se alza como un puente sobre toda situación sin salida. Marca el camino señalando siempre otra orilla (…) la esperanza como un puente une caminos que sin él no conducirían sino a un abismo o un lugar intransitable. Se manifiesta a menudo desasida, sin agarre, sin razones, pero con capacidad de sostener la vida de quien la experimenta, convirtiéndose así en la sustancia de la vida de quienes a menudo todo lo han perdido (…) Crece en los pueblos oprimidos y en quienes viven el desamparo, tomando la forma de la resistencia, generación tras generación, mientras Occidente permanece encerrado y aislado en su angustia sin horizonte y en el uso de una inteligencia que pretende regir la realidad sin entrar en contacto con el sufrimiento y la fragilidad, e ignorando que lo más importante de la vida se recibe (…)

Subrayo de su reflexión dos cuestiones que me interesan especialmente: la primera se refiere a la paradoja de que las situaciones límites, ya sean sociales o existenciales son ecosistemas propicios a la esperanza y en ellas desarrolla su capacidad de abrir caminos en realidades intransitables. O, dicho de otro modo, las periferias como trincheras de esperanza. La segunda, es que la esperanza es un don que se recibe. Porque el Dios de Jesús camina con nosotras historia adentro sin apearse de ella y sin abandonarnos por densos y oscuros que sean los acontecimientos que atravesemos. Por eso no se trata tanto de llevar la esperanza, como si fuéramos sus poseedoras como de acogerla, como un don que recibimos en la hondura y la gratuidad del corazón y en la proximidad con quienes transitan las periferias humanas, sociales o existenciales.

La esperanza resulta entonces algo así como la dinamo de los pueblos, el principio dinámico que moviliza interna y externamente personas y comunidades y lo hace desde abajo y desde adentro. Porque la comunidad y su inteligencia colectiva son parteras de creatividad y horizonte común, habita tercamente el corazón humano, que es el lugar donde anidan los deseos más profundos. Por ello acoger y alentar la esperanza pascual requiere también un encargo: Cuidar el soplo del don, como diría el hermano Chistophe, o dicho en el lenguaje bíblico del Libro de los Proverbios cuidar el corazón porque en él están las fuentes de la vida, las fuentes de la esperanza (Prov 4,23). ¿Nos ponemos a ello?



Pepa Torres Pérez




[1] María Zambrano, Los bienaventurados, Alianza Editorial, Madrid, 2022, pág. 132- 135

martes, 28 de enero de 2025

Homenaje a Gustavo Gutiérrez


 Una gozada el homenaje a Gustavo Gutiérrez el pasado 25 de Enero, porque en tiempos de neofascismo y trumpismo la teología de la liberación sigue siendo muy necesaria