lunes, 10 de octubre de 2016

Entre costuras y sueños (Alandar Octubre)


Aunque mi madre era modista nunca me enseñó a coser. Estaba convencida que la mujeres teníamos que hacer otra cosas en la vida y para eso cosía y cosía y mientras lo hacía alimentaba y se gozaba con mis de sueños de adolescente que quería ser abogada o escritora. Quizás por eso siempre me ha fascinado el arte de la costura, el milagro de la aguja y el hilo, del pespunte y los hilvanes, la destreza de asegurar que los botones no se te van a caer en el momento más inoportuno y la habilidad de recomponer cremalleras o sustituirlas por otras nuevas, aunque tenga un gran déficit en todo ello que por más que lo intento no consigo superar.

Pero la vida da muchas vueltas y ahora convivo con una compañera que entre sus muchas habilidades, una de ellas es el arte de la costura y el patchwork, de modo que con aguja e hilo transforma retales viejos y aparentemente “inservibles” en cojines, bolsas, manteles o camisas increíbles y lo hace con la naturalidad y la sencillez de creer que su tarea es insignificante.

jueves, 6 de octubre de 2016

Guiño cómplice

Vivo en una escalera muy diversa. Es una casa de largos pasadizos donde convivimos 40 vecinos. Pero de entre todos ellos la familia de Lía es la que me resulta más entrañable. Sus detalles siempre me sorprenden. Nunca nos piden nada, sino que más bien nos ofrecen. Hace unos días volvieron a hacerlo de nuevo. Sumi, la madre, había estado enferma y cuando Lía llamó a nuestra puerta, nos dimos cuenta que ni siquiera habíamos bajado a verla ni preguntado por ella, por lo que pensamos que se había puesto peor y que quizás querían pedirnos algo. Pero una vez más nos sorprendieron: Como su madre estaba teniendo muchas visitas y la habían regalado varias cajas de galletas nos querían compartir una, porque como en nuestra casa siempre hay mucha gente habían pensado que nos vendría bien…