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miércoles, 22 de febrero de 2023

Adam Smith y los cuidados ( Alandar Febrero 2023)


Se equivocó Adam Smith. Lo que mueve la vida no es la competencia ni la mano invisible de los mercados. Lo que mueve y sostiene la vida es ese torrente sumergido de vida que constituyen las cadenas de cuidados, esos miles de acciones invisibles pero imprescindibles que aseguran el milagro de su sostenibilidad cada día. Sus escenarios transcurren en la trama de lo cotidiano y requieren una actitud contemplativa experta en lo invisible. Por eso es urgente no solo una ética, sino también una épica del cuidado que nos ayude a ponerlas en el centro de la vida, la economía, la cultura, la ciencia, la política, las religiones, como reclaman las ecofeministas.

La vida nos remite constantemente a ello si nos atrevemos afinar la sensibilidad. Lo experimenté ayer mismo cuando al bajarme del metro una voz me llamó a gritos. Era un joven africano vestido de amarillo, que con bayeta en mano limpiaba los torniquetes de la estación del metro. Al principio me costó reconocerle, identificar la voz, la cara, la historia. Pero tras el desconcierto inicial por fin lo hice. Su cuerpo y su semblante habían cambiado mucho. Le conocimos recién llegado a Madrid, procedentes de Frontera Sur, con el cuerpo y el alma golpeados por la furia de las leyes que regulan las fronteras y quienes las custodian.

Porque cuidaron de él en tiempos de ira y abandono sobre su cuerpo negro y sin papeles él cuida de hoy de nosotros los pasajeros apresurados del metro con su sonrisa luminosa y una experiencia poderosa en su piel: no es el cada uno a lo suyo, ni la indiferencia, ni el no meternos en líos, sino que lo que sostiene la vida son los vínculos, la cooperación, el cuidado mutuo, la amistad social y el amor político. Por eso los cuidados no pueden vivirse al margen de la comunidad en las que somos y sin la cual, lo reconozcamos o no es imposible sobrevivir. Porque ser humano es serlo en relación e interdependencia. Así lo experimento también cada jueves en las concentraciones de apoyo en defensa de una salud pública de calidad y universal en la puerta del centro de salud de mi barrio. Frente al descuido y el mal trato que viven los profesionales sanitarios por parte de la Consejería de Sanidad de la comunidad de Madrid, los vecinos salimos a la calle para cuidarles y que nos cuiden, exigiendo: Salud pública de calidad y universal como hicimos el 12 de Febrero al grito de Atención primaria la más necesaria, entre otros.

Vivimos en sociedades demasiado desmemoriadas, deseosas de pasar la página de la pandemia como si nada hubiera pasado. Sin embargo, en tiempos de confinamiento aprendimos con una lucidez insospechada que el cuidado no puede ser un privilegio ni un derecho de unos pocos, sino que estamos llamados como humanidad a cuidarnos juntos y juntas y que entender de otro modo el autocuidado es el principio de nuestra deshumanización.

Así lo aprendí con mis vecinos senegalesas y bangladesís, muchos sin papeles, cuando convirtieron su mezquita en una despensa solidaria y estuvieron en primera línea de solidaridad o del Museo Reina Sofia, que cuando todos los espacios se cerraron, incluyendo los servicios sociales, pusieron a disposición de los colectivos sus instalaciones sus medio y recursos para el cuidado comunitario.

El capitalismo postpandemia y sus ajustes de tuerca sobre la vida de los más vulnerados no ha hecho más que empezar, reproduciendo nuevas formas de expolio e inclusión.

Se equivoco Adam Smith … ¿o tal vez no?

viernes, 9 de septiembre de 2022

¿Proyectos o procesos? ( Alandar Septiembre 2022)

 


Llegó Septiembre, retomamos trabajos, activismos, un nuevo curso por delante. Es tiempo de seguir apostando por aquello en lo que creemos y buscar y cuidar estrategias, pedagogías, espacios comunitarios, etc, donde convertir la utopía en inédito viable. Es tiempo de mancharnos las manos, la inteligencia y el corazón en ello y de hacerlo comunitariamente

Tras la distancia que da el descanso del verano, volvemos a lo cotidiano con un sentimiento ambiguo y contradictorio, mezcla de resistencia e ilusión. En nuestro lugar del mundo septiembre es tiempo de proyectos y programaciones. Los calendarios empiezan a llenarse con reuniones para planificar el curso, identificar prioridades, fijar objetivos y acciones, hacer cronogramas, compartir responsabilidades, etc.

De la práctica pedagógica y social hemos aprendido que los proyectos son una herramienta concreta necesaria para responder a una realidad que queremos transformar y que nos reta desde sus posibilidades, sus necesidades y carencias, por eso han de ser concretos, precisos, evaluables, y han de temporalizarse. Con ellos intentamos responder a la vida de forma coherente y eficaz. Sin embargo, la vida es mucho más que un proyecto, los transgrede constantemente porque no cabe nunca en una programación con casillas previamente establecidas. La vida es un permanente y sorprendente acontecimiento y no podemos ponerle diques a su asombro e intemperie. Lo que si podemos es prepararnos para encararla comunitariamente y vivir como oportunidad lo que nos acontece por sobrecogedor que nos parezca. Por eso, sin menospreciar ni un ápice los proyectos creo que es mucho más importante la atención y el cuidado de los procesos. A menudo lo más importante de los proyectos no es que cumplan los objetivos esperados, sino que desencadenen procesos personales o colectivos en los que la vida más vulnerada y el cuidado estén en el centro y como acompañarnos en ello.

Por ahí va mi propuesta para este inicio de curso: poner la atención en los compañeros y compañeras con quienes vamos aventurando la vida y toda nuestra intencionalidad en generar espacios de respiro y liberación donde conjugar un nosotras abierto y diverso. Espacios sin derecho de admisión, en los que más fuertes que las diferencias lo sean las articulaciones y junturas. porque, reconocer las junturas en que somos da fuerzas para generar otras nuevas[1]. Porque a estas alturas sabemos de sobra que no hay cambio ni transformación histórica que no pase por la relación y el cuidado de los vínculos. Desde el compartir juntas y juntos vulnerabilidades y precariedades estas pueden convertirse en potencia transformadora y desinstaladora del sistema e ir así poco a poco generando zonas liberadas.

¿Qué es mas importante la meta o el camino?, preguntó una joven discípula a su maestra. La respuesta quebró toda polarización excluyente: Lo más importante, lo extremadamente valioso, es con quienes se va haciendo el camino.

Pepa Torres Pérez






[1] J. M. Esquirol, Humano, más humano. Una antropología de la herida infinita, Barcelona, 2021, pág. 14

jueves, 3 de marzo de 2022

Presentación del libro de Luis Aranguren " Es nuestro momento. El cuidado como desafió educativo"


 Una gozada de tarde ayer, en la librería de Traficantes de sueños, presentando este libro tan bello como provocador y retante. 

Gracias a la convocatoria organizada por la Red Interlavapiés nos juntamos gente maravillosa para alentar nuestro activísimo por otro mundo posible, donde todas las vidas importen,  incluida la de la madre tierra.

Porque la vida clama y abre caminos de alternatividad y resistencia...

domingo, 3 de enero de 2021

Teología en las periferias, Muertes de Tarajal y Revuelta de las mujeres en la iglesia

 

Gracias a quienes me estáis felicitando por mi último libro. 
Lo inicié en el tercer aniversario de las muertes de Tarajal  y lo terminé en la primera semana del  confinamiento, días después del 8 M y de la revuelta de las mujeres en la iglesia. De todo ello trata el  libro. 

Por eso inicio el nuevo año con el deseo y el compromiso,  junto con otros muchos colectivos, de  exigir justicia y reparación  para las victimas de Tarajal y sus familias y que se acaben las muertes en  las fronteras . También de mantenernos en " revuelta"  con cientos de miles mujeres en el mundo  exigiendo  el fin de la feminización de la pobreza y la violencia  dentro y fuera de la iglesia  ....Hasta que la igualdad se  haga costumbre   

domingo, 19 de enero de 2020

LOS CUIDADOS.... LO QUE EL CAPITALISMO NOS HA DEJADO



Un gusto que las territorias domésticas compartamos acto con todas estas compañeras
A POLITIZAR LAS CALLES, LAS OLLAS Y LOS DELANTALES...
hasta  que la dignidad sea costumbre