martes, 12 de marzo de 2019

Presentación en Barcelona del libro de " Mujeres, espiritualidad y liderazgo"


PREGÓN DEL 8 DE MARZO. Iglesia de San Antón




Gracias por la invitación a ser pregonera de la celebración del 8 Marzo en esta iglesia símbolo de la acogida y de la cultura del encuentro y la diversidad. Bienvenidas y bienvenidos en este día víspera de la huelga de mujeres y de la celebración de nuestras luchas y sueños en este día que también celebramos la apertura de una nueva casa de acogida para mujeres por iniciativa de Mensajeros de la Paz . 

El 8 de Marzo es una jornada reivindicativa y festiva al modo que lo hacemos las mujeres, una jornada para reivindicar como aquellas obreras de Masachussets el derecho al pan y a las rosas, pan para tener de qué vivir: justica, equidad de género, derechos sociales, igualdad, vivienda, el fin de la violencia y la pobreza contra las mujeres pero también y a la vez el derecho a las “rosas”: para tener por qué vivir (reconocimiento, participación, inclusión, sentido, espiritualidad). 

Este 8 de Marzo lo celebramos en un contexto en el que como diría Santa Teresa de Jesus está el mundo ardiendo y no son tiempos de tratar con Dios negocios de poca importancia. Un contexto de incertidumbre y fracaso político que supone la imposibilidad de acuerdo ante los presupuestos generales, la convocatoria de nuevas elecciones, la emergencia de la ultraderecha en nuestro país y la extensión del trumpismo cutural o la sombra de la bolsonarización de las sociedades. 

Frente al nosotros primero, blanco, varón y supremacista, que reclaman estas tendencias las luchas de las mujeres anteponen el nosotras diversas y juntas, como leeremos mañana en el comunicado al final de la manifestación. Un contexto que aviva nuestra conciencia ciudadana y cristiana y nos exige avanzar en el compromiso con la igualdad y la equidad de género y no cansarnos de exigir justicia, reparación, medidas legales, económicas, políticas sociales que pongan fin a la feminización de la pobreza, la violencia contra las mujeres y los feminicidios en el mundo. 

Por eso este 8 de Marzo seguiremos exigiendo justicia frente a la impunidad por las muertes de mujeres defensoras ambientalistas y de derechos humanos como Berta Cáceres asesinada por intereses extractivistas en Honduras hace dos años y Marielle Franco, militante LGTB, símbolo de la defensa de las luchas de las mujeres y los jóvenes de las favelas brasileñas el años pasado. Marielle, días antes de morir escribía en una notas para un discurso que estaba preparando: ¿Cuantas más tienen que morir para que acabe esta guerra contra las mujeres?. 

Como afirma Yayo herrero estamos sido contemporáneas de un guerra contra la vida en las que sus principales víctimas están siendo las mujeres y la tierra. Basta con recodar el número de mujeres asesinadas y víctimas de violencia sexual en nuestro país en lo que va de año. Pero si bien es cierto que la feminización de la pobreza y la violencia contra las mujeres son un grito global lo que nos une también a millones de mujeres en el mundo, trascendiendo la clase, la raza, la cultura, la religión, es, junto a la vulneración de nuestros derechos, la resiliencia y la rebeldía en reclamarlos. 

Las mujeres son el agente más activo en las luchas por la tierras, por el agua, por el medio ambiente, por la soberanía alimentaria, por la vivienda, son las que sostienen los proyectos migratorios en el acá y en el allá, las protagonistas de las cadenas globales de cuidados, porque como dicen mis compañeras de Territorio Doméstico, sin nosotras no se mueve el mundo y lo hacen creando tramas comunitarias basadas en el apoyo mutuo y la política de los vínculos. 

También desde la perspectiva eclesial el contexto de este 8M es un grito ante las denuncias de violencia contras las mujeres y explotación al interior de la propia iglesia, como la Unión de Superioras generales del mundo (USG) ha denunciado hace unos meses. Un contexto, insisto que exige nuestra implicación, que aviva nuestra conciencia y nos urge a la sororidad, a la fraternidad entre mujeres, a la opción por y con las mujeres no como otras, sino desde nuestra propia conciencia de serlo, en una sociedad y en una iglesia, en la que todavía en amplios sectores, se nos continua identificando con el pecado y el mal, devalúa nuestros cuerpos para la representación de lo divino a la vez que los violenta y explota. 

Una iglesia que sostenemos las mujeres, pero en la que la que estamos ínfimamente representadas en lugares de toma de decisiones por razón de nuestro sexo. Una iglesia que necesita ser liberada del machismo pues en muchos de sus ámbitos constituye el gran bastión del patriarcado, en sus lenguajes, en sus símbolos, en el acceso a los ministerios, en la división sexual el trabajo que mantiene, etc. En definitiva una iglesia que frecuentemente olvida al interior de sí misma la práctica liberadora de Jesús con las mujeres y la comunidad de iguales. 

miércoles, 6 de marzo de 2019

Si paramos las trabajadoras de hogar y cuidados se para el mundo

Porque si paramos las trabajadoras de hogar y de cuidados se para el mundo, 
Trabajadoras de  hogar con todo los derechos y por una política pública de cuidados.