domingo, 5 de enero de 2014

El Dios en el que creo y la evolución de mis imágenes sobre Él-Ella

 ¿Cómo tener paciencia,
quienes vivimos del Amor
Si nos precede en el camino 
y siempre se nos escapa... 
Amor exige al Amor
Más que lo que la inteligencia entiende (Hadewijch de Amberes).

1- LA IDENTIDAD INCÓMODA, FRONTERIZA Y AGRADECIDA DE MI EXISTENCIA Y MI FE. 

No puedo hablar del Dios en quien creo al margen de la mujer que soy, por eso con pudor me atrevo a presentarme en unas breves líneas: Soy una mujer de 47 años con una identidad múltiple y heterodoxa: soy mujer cristiana, monja, feminista y de izquierdas. Una identidad arriesgada por su incomodidad y por su inclasificabilidad que me hace de algún modo “forastera” en las propias tierras que me configuran. Soy lo que algunas y algunos consideran alguien imposible o inexistente, pero mi existencia, como las de otras muchas como yo, muestra que aunque a menudo se nos reduzca a la invisibilidad existimos y somos posibles. Existencias incómodas, contradictorias pero felices y tercamente esperanzadas y resistentes, apasionadas por Dios y por su Reino.Un Dios que a lo largo de nuestra historia se nos ha hecho “mutable”, nos ha ido desvelando destellos de su misterio encarnado y al calor del fuego con que nos ha impregnado el corazón nos ha ido conduciendo y nos conduce, sostenidas en y por el pueblo de Dios, hacia transformaciones profundas, inéditas de nuestro ser más hondo y de nuestro modo de estar en el mundo y en la iglesia. Comparto con la brevedad que suponen las escasas páginas que se nos piden para ello la evolución de algunas de mis imágenes del Dios en quien hoy creo, el Dios que fundamenta y sostiene mi existencia.  

2- EL DIOS ÉTICO E IRRESISTIBLE DE LOS POBRES y un contexto privilegiado para descubrirle: Los barrios obreros y populares en la década de los 70-80.

Hablar de mi fe es hablar de mis raíces: Soy hija del desarrollismo español y de la democracia. Chica de barrio, de origen obrero, mis primeras aventuras eclesiales nacen en esa Iglesia de finales de los 70 comprometida en los barrios y sus luchas vecinales y preocupada porque la gente joven encuentre alternativas de ocio y formación desde el análisis critico, la pedagogía de Pablo Freire y el asociacionismo todavía “ilegal“ o recién estrenado. Educada en un colegio religioso en cuyos pasillos tejían complicidad con nosotras algunas monjas y profesoras que les brillaban los ojos cuando emocionadas nos decían que estaban llegando “tiempos nuevos “y teníamos que estar preparadas para ello y nos hacían experimentar la fuerza y el compromiso de sabernos “hijas de esa promesa”. Los valores democráticos, la participación el compromiso por el bien común, el interés por lo socio-político era como el humus que respirábamos tanto en el colegio, aunque de manera un poco velada, como en otro tipo de grupos juveniles en los que participábamos.

Esa iglesia es la que me da a luz en las búsquedas propias de la juventud y la entrada en el mundo adulto, la que acompaña mi despertar a la vida vinculando fe y compromiso socio- político, sin que haya contradicción, sino más bien al contrario. Esa Iglesia es la que me desvela el rostro de un Dios encarnado, a la luz de las teologías y las pastorales de Pagola, Jon Sobrino, Gonzales Faus, Urbieta, Iniesta o Samuel Ruiz etc, un Dios acercado por el testimonio de mártires como Osar Romero, Lucho Espinal o las hermanas de Marynoll, violadas y asesinadas en el Salvador por su compromiso con los Derechos humanos, un Dios cuya desmesura de amor le lleva a identificarse con los más empobrecidos y desde ahí a ofrecérsenos como salvación- liberación universal, pidiendo nuestra complicidad, invitándonos a “echarle una mano”, a ser sus parteras.

Es este Dios que se hace prójimo “todo debilidoso”(1).Este Cristo “nuevamente encarnado”, que  que diría, Ignacio de Loyola (EE 1), es el  que “me atrae con cuerdas amor” (Os 11,4) y me lleva irresistiblemente a “enamorarme de la sacratísima humanidad de Cristo“ (2), a vivir desde Él y con Él, a ser una mujer apóstol, a ser su compañera en la misión y en la intimidad de su corazón. Es este Dios para el que nada humano le es ajeno, que no nos quiere de rodillas, sino erguidas y en diálogo permanente con Él, buscando su voluntad en la historia y por eso "con oído atento al murmullo de los pobres", el que me seduce irresistiblemente (Jr 20,7) desde un carisma concreto y el que sostiene mi vida desde mi juventud a mis primeros años de vida religiosa.

3-DEL DIOS ÉTICO AL DIOS COMPASIVA: la huellas de su encarnación en las mujeres del cuarto mundo y el descubrimiento con ellas y desde ellas de LA SOPHIA DE DIOS Y SU ALIENTO EN LA INTERIORIDAD DE LAS MUJERES. 

 En torno a las década de los 90 la vida compartida con mujeres del cuarto mundo, la injusticia de la feminización de la pobreza y la violencia contra las mujeres hecha rostro, historia, cuerpo en ellas, me devuelven a una nueva conciencia de mi misma, y de la “deuda pendiente” de la humanidad y de las iglesias con nosotras las mujeres.Este despertar tiene como consecuencia una crisis: la caída en mí de la imagen del DIOS PADRE, construido desde un imaginario y lenguaje masculino que ignora las experiencias de las mujeres para dar razón de Él, para nombrarle, para rendirle culto con las consecuencias prácticas y políticas que esto conlleva. Se me hacen intolerables textos como Ez 16, 1-63, Lev 1, 15-32, Gn 12, 10-20, Num 31, 31-36, Ju 19, 1-29 etc, y otros como Ex 20, 15-21,Rut 1, 1-22 , Sm 2, 1-8,Gn 21, 17-19, Is 49, 14-16, Lc 1,39-56 o Luc 8, 1-3, se convierten en mi experiencia creyente en suave caricia que me sostiene, ofrece seguridad y aliento para mantenerme “desarrimada y en pie”, como diría Teresa de Jesús, ante el desconcierto y la perplejidad que esta nueva etapa de mi fe me produce.

Los encuentros de las mujeres del Evangelio con Jesús, especialmente el de la mujer que derramó el perfume (Mc 14, 3-11), la encorvada (Lc 13, 10-27), la samaritana (Jn 4, 1-39) y María de Magdala ( Jn 20, 11-18) acompañan mi itinerario de fe en este momento. Mi comunicación y mi relación en este tiempo con el misterio de Dios pasa por intensificar el silencio, un silencio que para mi que soy mujer de palabras, me cuesta mantener. Un silencio ascético y creativo que no me sabe a vacío sino a barbecho, a preparación de la tierra fecunda de la interioridad en que soy para que de ella emerjan palabras nuevas con que nombrarme y nombrar el mundo y el misterio que lo habita y dinamiza.El descubrimiento de las místicas medievales, de la mano de mi maestra en ello la historiadora María del Mar Graña, y de otras místicas contemporáneas como Etty Hillesum, Simone Weill o teólogas y filósofas feministas como Ivone Guevara, Elizabeth Johnson, Luisa Muraro, Adrienne Rich, Audre Lorde y la complicidad de monjas y laicas, compañeras y amigas en la búsqueda de un nueva espiritualidad en cuerpo de mujer como Dolores Aleixandre, Pilar Wirtz, Kochurani Abraham, Carmen Torres o Pilar Yuste me ofrecen nuevas claves interpretativas y referencias que me ayudan a perder el miedo a la libertad femenina en la historia y su “modo de proceder en clave sexuada”, me ofrecen genealogía y raíces, una tradición espiritual e intelectual femenina que me devuelven la imagen de un Dios identificado con la pasión de las mujeres y su búsqueda de libertad y felicidad en un mundo y una iglesia que silencia sus gritos y sus cuerpos, pero sin embargo les exige construir ideales de justicia y fraternidad a costa de ellas mismas.

De este silencio van emergiendo en mí nuevo nombre e imágenes del Misterio

-EL DIOS COMPAÑERA y su insobornable complicidad e identificación con los anhelos más hondos de las mujeres, el Dios que “como parturienta jadea y resuella” (Is 42, 14-17) por el alumbramiento de las mujeres libres y plenamente dichosas, que carga con nosotras , no cuida y amamanta generosamente( Is 66, 9-14), que no le importan las biografías intachables sino la pasión y la autenticidad del amor (Mc 14, 3-11).

- LA SOPHIA COMPASIVA que nos habita, que es más íntima a nosotras que nosotras mismas, que se ha hecho una en nosotras y con nosotras, que es nuestra hondura misma, que es energía, sabiduría y poder creativo, engendradora de esperanzas y experta en reciclar fracasos, otorgadora de la lucidez de la inteligencia y el corazón (Sab 6, 7-28) y que se mantiene viva en nosotras como un fuego en el corazón que nada ni nadie puede apagar, que no nos resuelve la vida, sino más bien nos la complica, y que nos invita a con otras mujeres a pasar de la resistencia al Empoderamiento y a hacer del mundo una fiesta popular, un banquete inclusivo donde el delantal, la danza y la palabra circulen con libertad entre todas y todas .

-EL DIOS SIN ORILLAS NI FRONTERAS: danza en corro de Amor sobreabundante (3) que se nos revela en el mestizaje y la experiencia intercultural y que tiene el empeño de acercársenos en los rostros e historias de una humanidad muchedumbre experta en sobrevivir y en mantener esperanzas “ a todo riesgo”. Este Dios es el que hoy se me regala desde Lavapies, el barrio en el que tengo la suerte de vivir, “territorio sagrado” para mí y mi comunidad de vida desde el que reconocer y confesar al DIOS DE LA DIVERSIDAD, TRINIDAD SANTA, cuya entraña es circularidad y reciprocidad amorosa, misterio imposible de abarcar y agotar en ninguna religión ni cultura, pero experimentado y acariciado “a ráfagas” en el encuentro, el diálogo, el abrazo , con los y las diferentes en la hondura de lo cotidiano. Un Dios que no se asusta de las diferencias sino que se goza con ellas cuando están puestas al servicio de su Gloria que no es otra que “la mujer y el hombre vivan” y que “lo hagan en abundancia” (Jn 10,10).Un Dios que se escapa de todo lenguaje, imagen y símbolo exclusivista y que en el reclamo que hacen hoy a nuestras sociedades e iglesias las nuevas sirofenicias (Mc 7, 26) que nos urge a superar esquemas etnocéntricos y cerrados que impiden la fraternidad y la sororidad del Reino . 

Creo en el Dios Al Fattah (4) (Apertura),El Dios AL Razzak (5) (Sustento), El “Diosito que siempre nos acompaña”, la Dignidad humana, que es el nombre que le dan quienes le practican aunque no le confiesen, creo que en el Dios Mediador, que en Jesucristo se nos hace hermana, hermano: mantero, ilegal ,vendedora de rosas por la calle vestida con sari, y que desde su encarnación nos invita a invocarle con diversidad de creencias y acentos y a practicarle desafiando fronteras, levantando puentes y no muros en la sociedad y en las Iglesias (Ef 2, 13- 21).

Creo y sigo abierta a su misterio.

                                                               Pepa Torres Pérez


                                                         ( Revista Vida Religiosa )



















































1 Lema de la Primera asamblea de Iglesia de Base en la que participé y que se celebró en torno al año 1980.  

2 Luz Casanova: Ejercicios y Apuntes Espirituales. Madrid 1936

3 Elizabeth A. Johnson: “La que es”. El misterio de Dios en el discurso feminista, Barcelona, 1992, 221 .

4 De los 99 nombres que el Islam da a Dios este es el número 18 


5 Número 17 de los nombres que el Islam da a Dios

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