Tengo la suerte de que la vida es generosa siempre conmigo, me regala encuentros con personas, especialmente mujeres, que me remiten siempre a la utopía y a la esperanza. No a utopías ingenua etéreas, sino a utopías embarradas que transforman la vida propia y las ajenas, en medio de los claro-oscuros de los procesos históricos. Recientemente me ha sucedido de nuevo. Yo las llamo Mujeres de la Pascua.
Hace un mes tuve la suerte de reencontrarme con María López Vigil, una de las mujeres referentes desde mi juventud: María López Vigil, revolucionaria en la década de los 80 en Nicaragua, teóloga del pueblo, periodista, autora de Un tal Jesús, Otros Dios es posible, Piezas para un autorretrato[1]. Feminista arriesgada que denunció el machismo de los “revolucionarios” como uno de los grandes fracasos del sandinismo ya en los 90 en textos tan potentes como el siguiente:
“En todos los esfuerzos revolucionarios las mujeres se hicieron más cargo del espacio público que los hombres del espacio privado. Las mujeres se apropiaron con más entusiasmo de sus deberes con la sociedad que con sus derechos plenos y así el terreno que quedó más intocado fue el de lo privado. La lucha por la justicia y por la dignidad que vanguardizaron los hombres apenas penetró por las puertas de los hogares, donde siguió reinando la violencia machista y el abuso sexual, que es siempre abuso de poder.
Mientras en las calles y en las montañas los revolucionarios combatían las dictaduras, en sus casas imperaban el patriarcado. Estamos en deudas con millones de mujeres marginadas por el machismo de nuestros revolucionarios. Es una deuda pasada que puede y debe ser saldada. La opción preferencial por las mujeres es urgente, no porque sean mejores sino porque son y han sido subordinadas y empobrecidas”[2].
María fue y sigue siendo una voz profética en América Latina y por serlo hoy reside en Granada, acogida y dejándose cuidar por una red de amigos y amigas junto con otras mujeres obligadas al exilio. Mantiene el vigor de su pensamiento crítico anti-imperialista y anti colonial, así como el convencimiento de que el cristianismo tiene que ser revolucionario y feminista, si no quiere renunciar a lo más auténtico de sí mismo. En nuestra conversación hablamos de uno de sus libros menos conocidos en España: Frente a frente, San Pablo apóstol y María Magdalena, la que conoció a Jesús. Su libro más feminista y en el que propone con urgencia recuperar a Jesús de Nazaret más que al Cristo. Conversar con ella remite a la sabiduría de resistencia del Evangelio y su propuesta de radicalidad que tanto necesitamos.
La reivindicación de solución y no represión le llevó a Lucha y a sus compañeras a enfrentar, desde la resistencia y no violencia activa, la violencia del estado, por lo que estuvo varias veces detenida y fue expulsada del Seminario donde trabajaba como profesora de teología. Años más tarde, cuando empezaron a aparecer cadáveres de mujeres sin pezones en el desierto próximo a Ciudad Juarez, Lucha se involucró en la investigación y la denuncia de los feminicidios. Lo hizo desde un triple enfoque singular y profético: el ejercicio del derecho en los tribunales mexicanos, apoyada en la coadyuvancia. Es decir, una postura activa e aplicativa de las víctimas en el proceso legal, y a la vez desde el activismo y la movilización creativa de las mujeres en las calles y la incorporación en estas protestas de la fuerza de la simbología religiosa cristiana, que constituía un elemento importante para todas las madres buscadoras de sus hijas.
Un ejemplo de ello fue la organización de caminatas atravesando el desierto de Chihuaha con cruces con los nombres de sus hijas desparecidas o violadas, terminando con la escenificación de un panteón de mujeres frente al Palacio del Gobierno mexicano, con una liturgia reivindicativa y espiritual reclamando sus vidas y sus cuerpos y exigiendo poner fin a los feminicidios
Pero Lucha no es solo una mujer muy comprometida socialmente, sino que ha compaginado su vocación social con la de ser madre y esposa. Por eso al hablar de ello le tiembla la voz y reconoce como sus opciones han atravesado y atraviesan también la vida de su familia y los riesgos que han corrido juntos. Fundadora del Centro de Derecho Humanos de las Mujeres, recuerda tantas veces como se ha visto obligada a hablar en clave con sus hijos por cuestiones de seguridad hablaba.
La familia ha sido siempre para ella un importante apoyo en situaciones críticas, sobre todo cuando estuvo presa, fue amenazada de muerte o se vio obligada a salir del país, escondida en el maletero de un coche, sin más equipaje que una biblia, convencida que el cristianismo ha de ser creíble
Hoy Lucha vive en Barcelona con su marido, enfrentando la batalla contra el cáncer con serenidad y confianza, aprovechando y agradeciendo las oportunidades que la vida le ha ofrecido y ofrece. Se ha incorporado al colectivo de feministas cristianas Alcem la Veu, y está especialmente involucrada en la lucha contra los abusos a mujeres en la iglesia. Es una gran conversadora que alienta la esperanza y las luchas de las mujeres hasta poner fin a la violencia y la pobreza de género. La escritura se ha convertido ahora en su arma de agitación y lucha.
Maria López Vigil y Lucha Castro nos recuerdan esta Pascua, que el evangelio es hoy , el evangelio es ahora.
[1] Desde mi perspectiva el mejor de los libros sobre Oscar Romero
[2] María López Vigil, Autocrítica, Maicillo, COR, Albacete, 2000


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