Llevo un par de semanas con el brazo y la mano derecha inmovilizada por un pequeño accidente. Es una situación nueva que me obliga a “no valerme por mis manos”, sino a “ponerme en las manos” de otros y otras.
Manos que me ayudan a levantarme y asearme, manos que sostienen y ofrecen seguridad cuando cojo el autobús para ir al médico, manos que se ofrecen para escribir al ordenador mis palabras, manos de diferentes colores y texturas que cuidan y piden permiso para hacerlo.
