lunes, 8 de marzo de 2021

LA REVUELTA DE LAS MUJERES EN LA IGLESIA … Y de repente estalló y se hizo más fuerte con la pandemia

El 1 de marzo hizo un año que la Revuelta de las mujeres en la iglesia hicimos públicas nuestras propuestas y reivindicaciones con acciones celebrativas en las puertas de las catedrales de Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Las Palmas, Valencia, Burgos. En otras ciudades como Santiago, Zaragoza o Bilbao, la pandemia impidió que las acciones programadas pudieran llevarse a cabo. Nos sumábamos así a una iniciativa que desde Barcelona y bajo la convocatoria de la plataforma de mujeres cristianas Alcem la veu llevaba gestándose mucho tiempo con esa siembra paciente, resistente contra viento y marea que los grupos de Mujeres y Teología u otros colectivos de feministas cristianas veníamos haciendo en la iglesia española desde hace años.

Y de repente estalló …como una primavera de esperanza y de inteligencia colectiva frente a la lentitud de los cambios en la iglesia ante la igualdad y el reconocimiento de nuestras capacidades y carismas en el acceso a los ministerios. En el trasfondo, un hecho que sin duda fue un detonante: la negación del voto de las mujeres en el Sínodo de la Amazonía, en contraste con su activa participación e implicación en ser iglesia en salida, presencia profética en las periferias.

Una vez más nuestra palabra fue silenciada. Pero de aquel silencio nació un clamor: poner fin a nuestra invisibilidad y a la discriminación de las mujeres en la iglesia. Recuperar la memoria transgresora de Jesús en el Evangelio y recordar al papa Francisco la necesidad apremiante de cambios estructurales urgentes en la iglesia, desde la perspectiva de las mujeres y hasta que la igualdad se haga costumbre. La incorporación al movimiento mundial de mujeres Voices of faith redimensionó nuestras acciones y nuestras reflexiones y amplio nuestra conciencia global y ecuménica.

Y llegó la pandemia… Frente a la parálisis y el repliegue que ha caracterizado a algunos sectores eclesiales el covid nos ha hecho más resilientes y creativas. Una vez más hemos sido las mujeres las que hemos estado en primera línea sosteniendo la vida y poniéndola en el centro y una vez más seremos también nosotras las que cargaremos sobre nuestros cuerpos, como ya lo estamos haciendo, la dureza de esta crisis económica y social sin precedentes. En estos meses de confinamiento hemos ido tejiendo un trabajo en redes minucioso e incansable conjugando vitalmente tres verbos imprescindibles en la densidad del presente nos atraviesa: acompañarnos, sostener la esperanza y empujar las iniciativas comunitarias de las mujeres. 

Como consecuencia de este tejer en común y en sororidad la Revuelta se ha extendido por nuevos lugares del estado: Salamanca, Vitoria, Córdoba, Badajoz, Granada, entre otras ciudades, a la vez que se ha hermanado con colectivos de mujeres feministas cristianas de América Latina, como Tras las huellas de Sophia, en México, mujeres argentinas, etc.

También en estos meses el papa Francisco ha realizado nuevos nombramientos de mujeres en lugares relevantes. Quizá uno de los más representativos es el de Nathalie Becquart, como secretaria del próximo Sínodo de obispos. Por primera vez una mujer tendrá voz y voto en ese espacio. Valoramos estos nuevos nombramientos de mujeres como un signo de esperanza, pero a la vez nos parecen claramente insuficientes. Las mujeres constituimos la mitad de la iglesia y nuestra representación en los lugares de tomas de decisiones es prácticamente inexistente. Estamos también convencidas que las reformas del papa Francisco y los cambios estructurales que anhelamos no serán posibles sin la movilización de los movimientos de base de la Iglesia y en este sentido las mujeres de los movimientos feministas cristianos y las mujeres de las comunidades y parroquias somos un motor de cambio imprescindible.

También en estos meses otro gesto importante ha sido el motu propio del Papa del inicio de este 2021: Spiritus Domini, en el que el papa Francisco hizo una modificación en el Derecho canónico de algo que, por otro lado ya era habitual en la vida de la Iglesia, que las mujeres lean durante la eucaristía, asistan en el altar y den la comunión. Revisaba de este modo el "Ministeria Quaedam" de 1972, que reservaba a los varones los ministerios de lector y acólito. Con esta modificación el derecho canónico se adapta y cambia al reconocer lo que ya es práctica habitual, lo cual viene a demostrarnos también que los cambios han de forzarse desde nuevas praxis.

Por todo ello el próximo día 7 de marzo, a las 12 de la mañana volveremos a visibilizarnos y plantear nuestras propuestas y reivindicaciones en las puertas de las catedrales en numerosas ciudades del estado para realizar un acto reivindicativo de memoria y esperanza, con los protocolos sanitarios requeridos. El lema que nos convoca esta vez a la Revuelta de Madrid es Si las mujeres callamos gritarán las piedras. Una paráfrasis del evangelio de Lucas 19,40, porque estamos convencidas que el clamor de las mujeres es también el clamor de Dios y nuestras reivindicaciones no pueden silenciarse.

Trabajamos y seguiremos haciéndolo por una iglesia sinodal que reconozca la plena ministerialidad de las mujeres. Por ello exigimos cambios estructurales profundos desde la perspectiva de las mujeres, en sintonía con el Evangelio y la práctica de Jesús en reconocer dignidades y anteponer la vida a preceptos y legalidades excluyentes. Entre estas reivindicaciones: Tener voz y voto, poder decidir, celebrar y predicar en una Iglesia igualitaria; repensar la moral sexual desde la misericordia y la ternura, el fin a la explotación y la violencia hacia las mujeres dentro y fuera de la Iglesia; reconocimiento de la teología feminista, y eliminación del lenguaje sexista de textos, manuales de enseñanza, y rituales. Una iglesia, en fin, que lea la Biblia, la tradición y la actualidad con ojos de mujer y que incluya a mujeres de diversa condición sexual

Estas propuestas y reivindicaciones nacen de la pasión por Jesús y la utopía del Reino y por eso las hacemos en memoria suya y en el de las mujeres del Evangelio: María Magdalena, María de Nazaret, Juana de Cusa, Susana, María de Cleofás, Marta y tantas otras que con Jesús transgredieron el orden patriarcal e inauguraron la iglesia como comunidad de iguales. Desde este sentido de comunión y de ser y hacer iglesia desde dentro de ella, hemos escrito una carta al Papa Francisco, que daremos a conocer en unos días, que hace insistencia en el camino sinodal como un camino pendiente que no podrá hacerse sin la plena participación de las mujeres y hasta que la igualdad se haga costumbre .



Pepa Torres Pérez

Revuelta de las mujeres en la iglesia de Madrid

















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