Gracias también a las amigas de la JOC por haberme acompañado
mailto:?body=https%3A//youtu.be/ZI3QBGUbBCk%3Fsi%3DlQYLxwJ4A3t5DA4X
Una alegría poder participar en el Forum Cristanisme de Valencia próximamente
La
experiencia que hemos ofertado parte de las claves de la espiritualidad
ignaciana, más allá de su literalidad, ya que hemos puesto el acento en un
enfoque de género. Creemos que ha sido de gran ayuda
-Los
textos bíblicos interpretados desde una exegesis feminista y liberadora.
-La
apertura de cada una de las personas y el grupo en si mismo al Espíritu- Ruah,
que acude que siempre en ayuda de nuestra debilidad (Rom 8, 26).
-Los
anhelos y las propias búsquedas profundas de comunión, sororidad y fraternidad
que hemos ido compartiendo.
-La
integralidad de la pedagogía ignaciana.
Todo ello
nos ha ayudado a re-conectar con la FUENTE DEL SER y reorientar nuestras vidas
de forma agradecida, desde el riesgo y el asombro del Amor.
Una bonita experiencia también de trabajo en equipo, como pareja de mujeres acompañantes, que nos anima a seguir haciéndolo juntas en próximas convocatorias.
Seguimos ....
Pepa Torres Pèrez
No se trata solo de una. Se trata de todas nosotras. No más mujeres víctimas de abusos de poder, de conciencia, espirituales y sexuales en nuestra Iglesia
No te lo pierdas
https://www.youtube.com/watch?v=IszjnTCuQdw
Hace un tiempo los compañeros y compañeras de " Enlázate por la justicia" me invitaron a hacer esta reflexión que comparto
https://www.amerindiaenlared.org/contenido/24622/tiene-futuro-hoy-la-teologia-que-teologia-/
Un gusto colaborar con la revista Amerindia con este artículo
https://youtu.be/74XALKZ3VEc?si=V2BznfhUZpR-1HYD
Un gusto participar en esta convocatoria y una alegría inmensa poder empujar el parto de la Revuelta de mujeres en la iglesia en Valladolid.
Seguimos y seguiremos hasta que a igualdad sea costumbre
La injusticia y el sufrimiento no tienen la última palabra sobre la historia. Hay formas de vivir que revelan que el amor es más poderoso que la muerte y que la Palabra encarnada de Dios actúa fecundamente en la historia, de modo que nunca retorna a Él vacía, aunque tenga que atravesar la densidad del sufrimiento. La palabra de Dios es creadora y apuesta siempre por la vida frente a toda forma de violencia, opresión o muerte. Así se nos ha ido revelando a lo largo de la historia de la salvación como los textos de la Vigilia Pascual ponen de manifiesto. Ni siquiera el pecado puede romper esta opción amorosa de Dios por la humanidad y la creación.Pese a nuestras dificultades, esclavitudes e infidelidades Dios sigue apostando por nosotros, incluso en los momentos de absoluta oscuridad, cuando no vemos ninguna salida, cuando nos asalta la certeza de que todo está perdido. Dios se nos ofrece “de balde” sin imponerse, sino mas bien exponiéndose a nuestra libertad y acogida. Como dice el papa Francisco su amor inquebrantable “nos permite levantar la cabeza y volver a empezar con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría “(EG 3). Su gratuidad tiene capacidad de transformar el corazón de piedra en un corazón de carne y sellar una nueva alianza que en Jesucristo alcanza su plenitud.
Por eso la vida cristiana no termina en la cruz, sino que nace en la noche de Pascua. En la tradición mística de la Iglesia existe una corriente dentro de la espiritualidad femenina que identifica la cruz con la imagen de un parto en el que a Dios se les rasgan las entrañas y da a luz una nueva humanidad. La Resurrección de Jesús lo renueva todo nos abre a la novedad de su Espíritu vivificante y reciclador. Pero a la vez la Resurrección se nos da en primicia (1 Cor 15,20) y como toda primicia tiene algo de seminal, porque lo nuevo siempre nace pequeño. Quizás por eso necesitamos liberar nuestra concepción de la Resurrección de todo tipo de triunfalismo ya que la experiencia de la Resurrección es siempre humilde y un tanto opaca porque la realidad no deja de perder su densidad y dureza y sólo podemos captar su huella con los ojos de la fe. La Resurrección nos cambia la mirada, la libera del daltonismo espiritual que a veces nos invade, que consiste en detectar sólo el rojo del sufrimiento que nos rodea y a tener una especie de incapacidad para detectar el verde esperanza que también está junto a nosotros.
También nosotros y nosotras, como las mujeres que acudieron aquella mañana de Pascua al sepulcro, podemos estar empeñados en buscar a Cristo en un lugar equivocado. Es en el corazón de la vida, en nuestra Galilea cotidiana donde podemos hallarle y reconocerle en la hondura de lo ordinario dotándolo de sentido y fuerza regeneradora. Como el ángel a las mujeres son muchos los mensajeros que pone nuestro camino para señalarnos que su lugar no es la muerte si no la vida, no es el llanto ni el duelo, sino la alegría. El Resucitado nos “primerea” en el amor y nos invita a involucrarnos con Él en la tarea de acompañar a las personas y hacer de la vida una fiesta permanente y no una pesadilla, a ser una iglesia “en salida” presente en los periferias que necesitan la luz del Evangelio (EG24, 20).