miércoles, 30 de abril de 2025

En memoria de Marisa Noriega Cándano


Hace unos días nos ha dejado nuestra querida compaña mexicana y mujer excepcional Marisa Noriega, co-fundadora con su amiga entrañable Andrea González, entre otras muchas cosas de la comunidad virtual Tras las huellas de Sophia.Tuvimos la suerte de celebrar y compartir con ella su vida, hace unos meses. 

Comparto el texto sobre la alegría que hice para ella.


Gracias Marisa por tanto.
                                                                            -------

La alegría es una de las formas de presencia de la divinidad 

como flujo transformador y energizante en nosotras.

La alegría de estar juntas hoy,

de celebrar no solo la vida, que somos y tenemos,

sino la vida plena que aspiramos,

La alegría de la sororidad y el compañerismo entre nosotras.

Una alegría que viene de atrás, que tiene ancestras , que nos unen , nos preceden, nos reconcilian    

Y nos habitan para seguir alumbrando la transformación de la vida, con toda su intemperie,

en una fiesta popular sin primeras ni últimas.

La alegría, como dice la canción mexicana, de coincidir,

más allá de la raza, la clase, la  edad,  el lugar de nacimiento

La alegría insobornable,

abrazada siempre a la experiencia del sentido y del misterio

en el que somos nos movemos y existimos,

que no nos soluciona nada , pero nos sostiene método,

que es misterio, hogar y matria,


La alegría resiliente de saber que en la vida es mezcla, 

risa y llanto, principio y fin ,

 regeneración constante, pérdida y ganancia,

y por tanto confiadas hasta el  extremo 

que nada nadie podrá quitarnos nuestra alegría

La alegría querida Marisa, 

de  sentirnos convocadas para agradecer tu vida 

generosa y multiplicada en tantos encuentros,

en tanto proyectos, en tantas rebeldías,

en tantos abrazos y sabiduría compartida    

La alegría de saber que seguimos y seguiremos haciendo camino de sororidad juntas

Hasta que la igualdad, y la felicidad de las mujeres, sean costumbre 

  

LA ESPERANZA Y EL SOPLO DEL DON ( Alandar Abril 2015)

Amanezco esta mañana de Pascua con una convicción profunda en medio del panorama de políticas de la crueldad que actualmente gobierna el mundo: La esperanza no es creer que el mundo tiene arreglo, sino que tiene sentido luchar para que lo tenga, o lo que es lo mismo, la esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certidumbre de que algo tiene sentido, sin importar el resultado final (Vaclav Havel).Me lo evocan esta mañana las mujeres miròforas, que aun cuando todavía era oscuro, se pusieron en camino hacia el sepulcro (Jn 20. 1-9). Mientras el genocidio de Palestina sigue aconteciendo y los cuerpos de las mujeres congoleñas quemados vivos y convertidos en arma de guerra, cuesta creer lo que hace años proclamó Rhaner: La esperanza ama la tierra. ¿Qué esperanza nos anuncia entonces el Resucitado?.

En estos días de Semana Santa me ha estado acompañando un magnífico libro “El soplo del don” del hermano Christophe, uno de los monjes de Thibirine asesinados en Argelia en la década de los 90. De entre sus páginas destaco este texto que me ha resultado especialmente evocador: Jesús ha entrado hasta el fondo, en la miseria del ser humano, en Dios. Eso es lo que significa la entrada en el seno del Padre. Desde entonces toda situación aparente de lejanía de Dios está presente en el rostro de Cristo abandonado, y en ese rostro, la atestación de la incomprensible proximidad de Dios. Paradójicamente cuanto más lejano más presente está ahí. No tenemos ni idea de hasta donde ha ido él. No hay decaimiento ni abandono que no haya experimentado y del que no haya hecho, por su presencia lugar de la proximidad de Dios” (23/4/1995).

La raíz última de nuestra esperanza pascual creo que se fundamenta en esa proximidad. La esperanza no depende entonces de los datos de la realidad, sino que es más bien la realidad la que depende de nuestra esperanza. La esperanza que brota de la mañana de Pascua es una esperanza enlutada, que no es ingenua, ni romántica, sino que emerge de un cuerpo partido y repartido no para legitimar las cruces del mundo, sino para ponerse en el lugar de los crucificados y crucificadas y acabar con ellas. Por eso la esperanza pascual no es un principio, es ejercicio. Es la práctica de la primacía del amor y la dignidad de la persona por encima de toda legalidad, política o religiosa que la vulnere. Porque es en la projimidad y especialmente en las más vulnerada donde se nos revela el misterio y el escándalo de lo más humano y lo más divino, o dicho en el lenguaje religioso más clásico, el Dios mayor se hace menor. La dimensión más trascendente de la vida se nos revela en lo más ínfimo, en lo más ordinario y vulnerado, si nos atrevemos a contemplar la realidad desde su hondura, perforándola al modo de los zahories expertos en encontrar manantiales de vida ocultos en los aparentes desiertos personales y sociales de la historia.

Decía también la filósofa malagueña María Zambrano[1], exiliada durante más de 45 años en América Latina y Francia y cuya hermana, Araceli, fue detenida y torturada por la Gestapo, gravemente enferma desde entonces, que la esperanza es aliada de la fe, es el fondo último de la vida misma. Se alza como un puente sobre toda situación sin salida. Marca el camino señalando siempre otra orilla (…) la esperanza como un puente une caminos que sin él no conducirían sino a un abismo o un lugar intransitable. Se manifiesta a menudo desasida, sin agarre, sin razones, pero con capacidad de sostener la vida de quien la experimenta, convirtiéndose así en la sustancia de la vida de quienes a menudo todo lo han perdido (…) Crece en los pueblos oprimidos y en quienes viven el desamparo, tomando la forma de la resistencia, generación tras generación, mientras Occidente permanece encerrado y aislado en su angustia sin horizonte y en el uso de una inteligencia que pretende regir la realidad sin entrar en contacto con el sufrimiento y la fragilidad, e ignorando que lo más importante de la vida se recibe (…)

Subrayo de su reflexión dos cuestiones que me interesan especialmente: la primera se refiere a la paradoja de que las situaciones límites, ya sean sociales o existenciales son ecosistemas propicios a la esperanza y en ellas desarrolla su capacidad de abrir caminos en realidades intransitables. O, dicho de otro modo, las periferias como trincheras de esperanza. La segunda, es que la esperanza es un don que se recibe. Porque el Dios de Jesús camina con nosotras historia adentro sin apearse de ella y sin abandonarnos por densos y oscuros que sean los acontecimientos que atravesemos. Por eso no se trata tanto de llevar la esperanza, como si fuéramos sus poseedoras como de acogerla, como un don que recibimos en la hondura y la gratuidad del corazón y en la proximidad con quienes transitan las periferias humanas, sociales o existenciales.

La esperanza resulta entonces algo así como la dinamo de los pueblos, el principio dinámico que moviliza interna y externamente personas y comunidades y lo hace desde abajo y desde adentro. Porque la comunidad y su inteligencia colectiva son parteras de creatividad y horizonte común, habita tercamente el corazón humano, que es el lugar donde anidan los deseos más profundos. Por ello acoger y alentar la esperanza pascual requiere también un encargo: Cuidar el soplo del don, como diría el hermano Chistophe, o dicho en el lenguaje bíblico del Libro de los Proverbios cuidar el corazón porque en él están las fuentes de la vida, las fuentes de la esperanza (Prov 4,23). ¿Nos ponemos a ello?



Pepa Torres Pérez




[1] María Zambrano, Los bienaventurados, Alianza Editorial, Madrid, 2022, pág. 132- 135

sábado, 26 de abril de 2025

EL LEGADO DE FRANCISCO QUE ESTAMOS URGIDAS Y URGIDOS A CONTINUAR (1)

 

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Una iglesia pobre y para los pobres  

( EG 202, 198) 

Francisco en su discurso de recepción del pontificado se presentó a sí mismo como alguien venido del fin del mundo, un lugar rebelde en su memoria y en sus luchas ante las dictaduras políticas y económicas. Buen conocedor de las Villas miserias, en ellas se dejó tocar por la teología del pueblo y por quienes las habitan. Con ellos compartió dificultades y anhelos que han hecho de él un papa reformador y rebelde ante la barbarie y la complicidad con la violación de los derechos humanos y sociales y los derechos de la tierra. Su propuesta pastoral está travesada por la dimensión social y ecológica del evangelio y sus repercusiones en la convivencia cotidiana y en la vida ciudadana Así ha sabido traducir la misericordia en amor político y compromiso con el cuidado de la casa común.

   El amor lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo es también civil y político y se manifiesta en           todas las acciones que procuran construir un mundo mejor. El amor a la sociedad y el compromiso       por el bien común son una forma excelente de la caridad que no sólo afecta a las relaciones entre           los  individuos, sino a las macro-relaciones, como a las relaciones sociales económicas y políticas       (…) El  amor social es la clave de un auténtico desarrollo ( …) y ha de ser la norma constante y           suprema a de  la acción (…) El amor social nos mueve a pensar en grandes estrategias que detengan    eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregnen toda la            sociedad (LS 231)

Como buen conocedor de la Teología del pueblo ha sabido recuperar y actualizar lo mejor nuestra doctrina social y patrística. Los pobres son la Carne de Cristo y escuchar su clamor es escuchar el clamor de la justicia y el reino que nos reclama. Un reclamo que no es para unas minorías especializadas, sino para todo el pueblo de Dios y al que hemos de responder con todas nuestras fuerzas (EG 180,181, 201). Por eso la opción por los empobrecidos y empobrecidas (descartables) ha de atravesar la vida de todo creyente y el corazón de toda la iglesia. Francisco ha subrayado en toda su doctrina el vínculo intrínseco entre Cristo y los pobres hasta el punto, como escribió en Evangelii Gaudium, que el camino de nuestra redención está signado por ello (EG 198, 197). Pero en la doctrina y la praxis pastoral de Francisco los pobres son mucho más que “objeto” de la opción de la iglesia. Son sobre todo vicarios de Cristo y sujeto eclesial, con capacidad de agencia, que reclaman una iglesia pobre para los pobres ( EG 198), porque como señaló en el Primer Encuentro con las organizaciones Populares [1]

¡Los pobres no sólo padecen la injusticia, sino que luchan contra ella! (…) Tampoco están esperando de brazos cruzados la ayuda de las ONGs, planes asistenciales o soluciones que nunca llegan o si llegan de tal manera que van en una dimensión de anestesiar o domesticar. (…) los pobres ya no esperan y quieren ser protagonistas, se organizan, estudian, trabajan, reclaman….

De esta concepción activa y dinámica de los pobres se deriva la relación entre inculturación y justicia, como uno de sus acentos pastorales más importantes en su teología desde y para las periferias. Para Francisco la opción por el pobre para ser evangélica ha de hacerse desde sus propios contextos y culturas, respetando su modo propio de ser para reconocerlo afectiva y efectivamente como sujeto de un proceso histórico de desarrollo y de liberación (EG 202-208). De ahí la novedad radical de los encuentros del papa Francisco con las organizaciones populares, algo insólito en la historia del papado. En ellos se acentúan elementos inéditos en relación con anteriores pontificados

-El reconocimiento del derecho al techo, la tierra y el trabajo como derechos sagrados en cuya defensa los cristianos y cristinas no podemos ser indiferentes

-La apuesta por los procesos de participación para revitalizar las democracias desde abajo y ser sembradores de cambios priorizando generar procesos más que ocupar espacios.

-La defensa del bien común y la solidaridad entendida en términos de comunidad de dar prioridad a la vida de todos y todas, por encima de la apropiación de los bienes por parte de algunos (EG 189) y el compromiso como comunidades cristianas c
on los cambios estructurales que esto plantea.

-Fomentar un pensamiento crítico y una práctica resiliente ante las estrategias de contención y domesticación de las luchas de los pobres que desde las políticas asistencialistas buscan anestesiar y pasivizar.

-Impulsar prácticas alternativas que rompan con la lógica excluyente con la que capitalismo neoliberal coloniza nuestras conciencias y su axioma de que no todas las vidas valen lo mismo

-Denunciar la cultura del descarte, la dictadura de la economía sin rostro, el sálvese quien pueda, la globalización de la indiferencia como formas de individualismo salvaje, y la divinización del dinero como el más peligroso de todos los terrorismos que amenazan actualmente la vida:

¿Quién gobierna entonces? El dinero ¿Cómo gobierna? Con el látigo del miedo, de la inequidad, de la violencia económica, social, cultural y militar que engendra más y más violencia en una espiral descendente que parece no acabar jamás. ¡Cuánto dolor y cuánto miedo! Hay -lo dije hace poco-, hay un terrorismo de base que emana del control global del dinero sobre la tierra y atenta contra la humanidad entera. De ese terrorismo básico se alimentan los terrorismos derivados como el narcoterrorismo, el terrorismo de estado y lo que erróneamente algunos llaman terrorismo étnico o religioso, pero ningún pueblo, ninguna religión es terrorista. Es cierto, hay pequeños grupos fundamentalistas en todos lados. Pero el terrorismo empieza cuando «has desechado la maravilla de la creación, el hombre y la mujer, y has puesto allí el dinero». Ese sistema es terrorista.[2]

El legado de Francisco nos insta a una pastoral crítica y “en salida”. Una pastoral también de noes A menudo Los cristianos y cristianas hemos sido más educados en la sumisión al poder y al orden establecido que la desobediencia evangélica, más en el valor del sí, que en el del no, pero el sí, para ser es evangélico ha de estar cargado de noes, como así fue en la vida de Jesús.

Por eso Francisco es también el papa de los noes:

-No a una economía de la exclusión y de la inequidad (EG 53). Por los costes humanos y ecológicos que conlleva y porque nos hace incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros. En este sentido las personas migrantes y refugiadas han sido para Francisco un icono de esta globalización de la indiferencia, a la que la iglesia no podemos volver la espalda, sino practicar la gramática de la solidaridad, es decir: acoger, promover, integrar y luchar contra toda forma de racismo o xenofobia [3]

-No a la nueva idolatría del dinero y la economía sin rostro que diviniza lo mercados y legitima la cultura del descarte, el expolio de la tierra, la corrupción y el fraude fiscal (EG 55-56)

-No a un dinero que gobierna en lugar de servir, y olvida que “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida” (EG 57)

-No a la inequidad que genera violencia (EG59) porque cualquier reclamo de seguridad será inútil porque hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad. Es imposible la convivencia pacífica sin justicia (EG 74)

Francisco nos ha dejado muchos caminos abiertos que hemos de seguir recorriendo en fidelidad creativa.
Quizás en lo que se refiere al reconocimiento del papel de las mujeres en la iglesia y a ampliar los espacios para una presencia más incisiva en lugares de toma de decisiones, sus aportaciones han sido más bien tímidas, pero inmensamente valientes, dado todas las hostilidades y resistencias con que se ha encontrado. Francisco ha sido muy sensible a la realidad de las mujeres en lo que se refiere fiere a la cuestión social (feminización de la pobreza, violencia, tarta) pero mucho menos en las cuestiones emancipatorias. 

Pese a ello, durante su pontificado es la primera vez que se identifica el patriarcado como causa del origen de la violencia contra las mujeres , o la única vez en la historia de la iglesia que las mujeres han podio tener no solo voz, sino también voto en un Sínodo y ser reconocidas como consultoras y asesoras, además de ocupar puestos de responsabilidad y toma de decisiones en el Vaticano. Es cierto que nos queda aún mucho por camino por andar hasta que los anhelos profundos de muchas mujeres que reclaman la comunidad de iguales y el pleno acceso a los ministerios, más allá de la división sexual de roles y mandatos de género[4] puedan ir haciéndose realidad, pero el camino esta abierto y el Evangelio sigue retándonos a ello. Gracias, papa Francisco, seguiremos alentando la iglesia en salida, hasta que la igualdad sea costumbre.

 







[1] Discurso de clausura del I Encuentro con Organizaciones populares, https://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2014/october/documents/papa-


[2] Discurso de clausura del III Encuentro con Organizaciones populares http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2016/november/documents/papa-


[3] Mensaje del papa Francisco para la jornada mundial del migrante y del refugiado 2018 http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/migration/documents/papa-


[4] Para profundizar en este tema es muy recomendable la lectura de Silvia Martínez Cano, “ Mujeres creyentes, culturas e Iglesias: Reformas para comunidades católicas vinas y en acción”, ESWTR 25 (2017), 203-2018.

miércoles, 23 de abril de 2025

Día del libro: LIBROS RECOMENDADOS:

El poder de las Madres, de Fátima Ouassak (Capitán Swing, Madrid, 2024). En este ensayo su autora divulga y profundiza en las causas que dan lugar a la lucha y la autoorganización de las mujeres migrantes en las periferias francesas, frente al racismo y la violencia estructural y policial que sufren sus hijos. Inspirándose en las “locas” de la Plaza de Mayo (Argentina) pasando por las “locas de la Plaza de Vendome” (Marsella), hasta el actual “Frente de Madres” ( Seine- Saint Denis) hace un recorrido por sus reivindicaciones y propuestas para acabar con el sistema discriminatorio en la educación y la reducción del campo de posibilidades de sus hijas e hijas como ciudadanos de segunda, sin otro futuro que la precariedad, la explotación laboral, los prejuicios y la violencia racista en sus múltiples formas. De este modo las madres migrantes de estas periferias se están convirtiendo en un nuevo sujeto revolucionario en el panorama de las luchas y los movimientos en el el país vecino.

Ausencias y extravíos, de Yayo Herrero (Escritos Contextatarios, Madrid, 2022) Lectura imprescindible para confirmarnos en la necesidad de la opción ecofeminista como única alternativa de vida posible y hacernos conscientes que el ser humano se ha desenganchado de la gravedad terrestre y de la corporalidad misma como nudo en el que se cruzan todos los mundos posibles, cayendo de este modo en ausencias y extravíos mortíferos para la sostenibilidad de la vida. Un libro al puro estilo genuino de Yayo Herrero, siempre propositiva y señalando alternativas: Responsabilidad y esperanza activa contra los monstruos del desamor.


Más adentro, de Laura Casielles
(Letarversal, Madrid 2025). Este maravilloso libro de poesía, es, como dice su autora, un viaje por la tierra de más adentro. Sus poemas hablan de amor y de heridas, de frustración y de asombro, de enfado y de belleza. Tratan de todo lo que somos, pero se aplasta con inercias y silencios y que reconocemos en la hondura siempre provocadora de esta joven a la vez que madura peta y activista de la vida y la belleza, que es Laura Casielles.