viernes, 15 de abril de 2022

Mujeres del Viernes Santo: BERTA CACERES


Porque amó  hasta el extremo..

Porque  puso  la VIDA EN EL CENTRO hasta que la suya se hizo terriblemente incómoda  para los poderes de este mundo...

Y por eso la mataron...

pero como dice la comunidad lenka y las luchadoras extractivistas: BERTA NO MURIO, SINO QUE SE MULTIPLICÓ  

https://www.youtube.com/watch?v=Pd_vuxd_zmo 



jueves, 14 de abril de 2022

MUJERES DEL JUEVES SANTO : ETTY HILLESUM


 

“He roto mi cuerpo como el pan y lo he repartido entre los hombres 

pues estaban hambrientos y venían de una  larga privación“


Holandesa, judía, intelectual, heterodoxa. Nacida en 1914 en Middelburg y desaparecida en 1943, con apenas 29 años, en un convoy camino de Auschwitz. Mujer. Buscadora incansable de sentido en el escenario histórico del nazismo. Elige voluntariamente la deportación, pudiendo evitarla, en solidaridad con los demás perseguidos judíos.Convencida que la última palabra sobre la historia no la puede tener la violencia, el racismo y la barbarie, arroja por la ventana del tren en el que es conducida al campo de exterminio donde murió, un mensaje de esperanza y de confianza en la bondad el corazón humano

En apenas dos años, desde 1941-1943 y desde una experiencia de asombro y cultivo de la consciencia e interioridad, Etty se experimentará a sí misma transida por un amor que la desborda y la lleva a encarar solidariamente situaciones límites en su inhumanidad, hasta llegar a escribir en su diario: “He roto mi cuerpo como el pan y lo he repartido entre los hombres pues estaban hambrientos y venían de una larga privación“.

Su itinerario vital es un espejo en el que podemos descubrir que las personas no estamos determinadas por la herencia, la educación, la familia, la cultura ni los acontecimientos.

 No somos lo que la vida nos programa, sino que somos nuestras elecciones. Por eso lo más importante no es “lo que nos pasa” sino “lo que vamos haciendo con lo que nos pasa” y en solidaridad con quienes lo vivimos, movidos por la búsqueda del Amor. 

Por eso las circunstancias, no tienen la última palabra sobre nuestra existencia. Etty lo dejó escrito en sus Diarios para no borrarlo nunca de la página de la condición humana y la historia.

“Las circunstancias exteriores forman un decorado y una acción cambiantes, pero lo llevamos todo en nosotros y las circunstancias no desempeñan nunca un papel determinante, siempre habrá situaciones buenas o malas que aceptar como un hecho consumado, lo que no impide a nadie consagrar su vida a mejorar las malas. Pero es preciso conocer los motivos de la lucha que llevamos adelante y empezar por reformarnos a nosotros mismos y volver a empezar cada día.”






miércoles, 6 de abril de 2022

Blancos y rubios (Alandar Abril 2021)

No puedo con la saturación informativa sobre la guerra de Ucrania, mientras se silencian los más de 25 conflictos bélicos que se siguen produciendo en el mundo y ya no son noticia para casi nadie.

Me runrunea un malestar políticamente incorrecto ante el contraste y la desigualdad manifiesta entre la criminalización de la acogida en otras crisis humanitarias (en Grecia o en Calais…) y la exaltación y plausibilidad de la acogida a las familias ucranianas. Son muchas las personas malienses, palestinas, kurdas, sirias, iraquís o centroamericanas que huyen de otras guerras (incluidas las de las maras) a las que se les niega la acogida o se encuentran con múltiples vericuetos y dificultades burocráticas para conseguir una simple cita que les permita solicitar protección internacional.

No es que no me conmueva el dolor y el sufrimiento de las familias ucranianas que huyen de la guerra, que me parece tremendamente injusto y espeluznante, en medio del manejo de los hilos militaristas de los intereses de la OTAN y la tiranía de Putin. Pero el agravio comparativo es inmenso y resulta tremendamente humillante. Acaso la razón es que son blancos y rubios, o dicho de manera más “educada”, como decía el otro día una compañera de un colectivo vecinal de mi barrio, “forman parte de nuestra cultura y civilización europea y esta guerra amenaza directamente nuestro estilo de vida”.

Pero lo que, sin duda, revela esta oleada de acogida para las familias ucranianas que huyen de la guerra es que si queremos se puede. La voluntad política y social es determinante para alcanzar cambios que se declaran, en otros casos, imposibles.

En estas últimas semanas he estado con cinco mujeres inmigrantes, embarazadas a punto de salir de cuentas, a las que se le ha negado la atención sanitaria y aún no saben dónde van a dar a luz y si les facturarán la atención hospitalaria. Para valorar su situación les han dado cita en la Unidad de Tramitación Sanitaria para inmigrantes... para después del parto. Hemos hecho todo tipo de reclamaciones y la respuesta es siempre la misma: hay colapso, no se puede hacer otra cosa. No hay opciones. También varios amigos llevan meses intentado conseguir una cita electrónica en extranjería para renovar su entrevista de asilo y al reclamar nos dicen que el sistema está bloqueado y que no saben para cuándo podrá haber citas disponibles. Mis amigos están a punto de perder la renovación de su contrato laboral si no consiguen pronto esa cita. Pero la respuesta es siempre el mismo mantra: no se puede hacer nada. La culpa es del colapso.

Sin embargo, muchas y muchos nos preguntamos si del mismo modo que se han puesto en marcha paquetes de medidas sanitarias, sociales y de extranjería para las persona ucranianas, tales como permiso de residencia de un año, ampliable a tres, con posibilidad de trabajar, acceso a la educación y a la salud, plazas públicas para personas vulnerables, embarazadas, comedores sociales, albergues juveniles, plazas gratuitas para jóvenes de entre 3 y 16 años, servicio de traducción e interpretación y abono transporte gratuito, entre otras…no es posible que estas medidas puedan aplicarse al resto de la población migrante y refugiada que huye también de la guerra, del hambre, de la falta de futuro y de otros conflictos bélicos, aunque ya invisibles u olvidados por los medios.

Va a tener razón mi vecina, hay un gran diferencia: no son europeos, no son rubios ni blancos. Son los otros, la negación del nosotros, y para ellos sólo queda la sospecha y la criminalización.


Pepa Torres Pérez

domingo, 3 de abril de 2022

Genealogías femeninas de la revuelta de las Mujeres en la Iglesia : LIDIA DE TIATIRA

Desde la Revuelta de las mujeres en la iglesia de Madrid  este pasado 3 de abril  hemos organizado  el II Taller preparatorio del Sínodo Mundial de mujeres ( CWC) en torno a los ejes poder y participación. En él  recuperamos la genealogía de Lidia de Tiatira, una de las primeras lideresas y mujeres con autoridad en las primeras  comunidades cristianas. Os la presento.   


  

Soy Lidia de Tiatira, gentil, convertida al judaísmo y más tarde al cristianismo, vendedora de púrpura, propietaria de un taller de tejidos en Filipos. con el que di trabajo a muchas mujeres. Juntas constituimos un espacio seguro para nosotras en una sociedad donde la vida de las mujeres no importaba.

Una tarde que estábamos celebrado nuestros ritos judíos fuera de la ciudad, junto al rio Gangas conocimos al apóstol Pablo. Nos conmovió la propuesta de Jesús de Nazaret y su Buena noticia de liberación, que sentimos también lo era para nosotras.

Desde aquel momento abrí mi casa al Evangelio anunciado por Pablo. Me bauticé junto con toda mi casa y me hice también su testigo poniendo todos mis dones y bienes a su servicio. (Hch.16.14-15).

Mi casa se convirtió en la primera comunidad cristiana en Macedonia y en ella se me reconoció el liderazgo y la autoridad. Una comunidad que no necesitaba templos para vivir y actualizar la memoria peligrosa y liberadora de Jesús, sino un iglesia doméstica, donde se practicaba la hospitalidad y la inclusión.

Cuando Pablo y Silas fueron detenidos y encarcelados mi influencia y liderazgo fueron importantísimos para protegerles y mantener unida y cohesionada la recién fundada comunidad. (Hch. 16.16-24) . Fue entonces cuando descubrimos que el Evangelio exigía riesgos y confianzas inquebrantables y que la fe nos hacía iguales. En nuestra iglesia no había estructura jerárquica, sino que éramos una comunidad de participación y ministerios. Em ellas nos respetamos y ayudamos mutuamente entre los varones y las mujeres, los amos y los esclavos, y las distintas culturas.

Juntas descubrimos que Dios era también “ tejedora ” de comunión y de inclusión desde las mas empobrecidas y marginadas