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miércoles, 27 de mayo de 2026

Ecos de lectores y lectoras



Sigo recibiendo agradecida ecos de mi último libro   

Este es un viaje mistagógico que nos expone al asombro del amor. Pepa Torres Pérez une la espiritualidad ignaciana con el latido de los márgenes, ofreciendo una brújula para quienes buscan a Dios en la cotidianidad y en la lucha por la justicia. A través de la sabiduría de místicas como Madeleine Delbrêl, Juliana de Norwich y Hadewijch de Amberes, propone una praxis de la misericordia inspirada en Jesús, que culmina en una comensalidad abierta y una esperanza que desafía la muerte (la amenaza de resurrección). Pepa Torres nos ofrece un itinerario para acuerpar el Evangelio y transformar la herida en manantial. Un libro imprescindible para orar con los pies en la tierra y el corazón abierto a la sorpresa de la Gracia.


sábado, 27 de septiembre de 2025

MAESTRAS DE VIDA: ROSIKA SCHWIMMER


 Soy Rosika Schwimmer. Formo parte de esa estirpe de mujeres convencidas que las guerras son el fracaso de la humanidad y cuyas convicciones y activismo pacifista nos hizo y hace tremendamente incómodas y peligrosas ante el poder-dominación hasta intentar borrarnos de la historia. Por eso soy una gran desconocida para muchos y muchas. Mi biografía y parte de mi legado escrito y fotográfico se conserva en los archivos de la Biblioteca Pública de Nueva York, en 176 cajas, que con tanto amor y admiración preservó para la historia mi gran amiga Edith Wynner.

Nací en Budapest en el año1887, cuando Hungría daba sus últimos coletazos como parte del imperio austro-húngaro y se alimentaban sueños nacionalistas y bélicos en una Europa demasiado crispada, que daría origen a la primera guerra mundial. Pese a ello, sin embargo, yo nunca tuve ningún sentido de nacionalismo, sino una conciencia cósmica de pertenecer a la familia humana.Nací en el seno de una familia judía, no religiosa, de clase media, por lo que tuve el privilegio de acceder a una educación esmerada que abriría mis horizontes de vida y mi conciencia crítica. Mi padre era comerciante de ganado y mantuvo importantes relaciones comerciales con el sultán de Turquía. Mi madre, por su parte, estuvo muy vinculada a escritores y activistas pacifistas que influyeron notablemente en nuestra familia.En 1891 me gradué en la Escuela Pública y más tarde completé estudios en una Escuela de Negocios, algo bastante inusual en una mujer en la Hungría de mi época. La música y los idiomas fueron también algunas de mis grandes pasiones. Dominé cuatro lenguas: el húngaro, el alemán, el inglés y el francés y podía leer en otras cuatro:  holandés, italiano, noruego y sueco. Desde muy joven entendí que la liberación de las mujeres pasaba por la autonomía económica y el derecho a la formación y al voto. Por eso muy pronto me hice sufragista. Trabajé algunos años como institutriz y más tarde, en 1897, empecé a trabajar como corresponsal en la Asociación Nacional de Trabajadoras de Oficina, que en 1901 me elegiría presidenta. 

Una de nuestras mayores reivindicaciones fue la lucha por la igualdad salarial entre hombres y mujeres. Lo cual me llevó a relacionarme con organizaciones internacionales de mujeres y a establecer contacto con las feministas más destacadas del momento. Esta experiencia y la injusta situación de las mujeres trabajadoras en mi país, me llevó a fundar, en 1903, junto a Mariska Gárdo, la Asociación de Mujeres Trabajadoras de Hungría, que muy pronto tendríamos representación internacional en las redes de mujeres sufragistas del mundo, como la International Woman Suffrage Alliance.

 El  apoyo y la amistad  con las sufragistas norteamericanas, especialmente con Carrie Chapman Catt, me animó a fundar, junto con mi gran amiga Vilma Glucklich la Asociación de mujeres de Hungría, la primera asociación feminista en nuestro país. Nuestro objetivo no era solo la lucha por el derecho al sufragio, sino por la igualdad en todos los aspectos de nuestra vida:  educación, salud, trabajo, derechos reproductivos, cambios legislativos, etc. Estábamos convencidas que conseguir el sufragio no cambiaría nada si las mujeres no éramos reconocidas como sujeto de derechos, con capacidad de agencia y si nuestras aspiraciones a vidas libres y plenas no eran protegidas y favorecidas por cambios legislativos concretos. 

Mi activismo me llevó en numerosas ocasiones a ser despedida, pero encontré el modo de “ganarme la vida”, como traductora o con trabajos puntuales para periódicos y revistas feministas progresistas de aquel momento, como la agencia de noticias   Lloyd`s. Mis conferencias y artículos no dejaban a nadie indiferente, provocaban siempre un posicionamiento. Cuando fundamos la revista Mujeres y Sociedad, de la que fui primera editora, la hostilidad hacia mi persona creció y mi pensamiento aún más, pues en ella abordamos temáticas como el abuso sexual o la complicidad de las leyes con la pobreza y el sufrimiento de las mujeres, etc.  La prensa más conservadora, pero también algunos sectores progresistas me tildaron de “monstruo femenino “y de “pretender acabar con la familia”. En 1911 me casé con el periodista  Pál Bédy. Pero nuestro matrimonio apenas duró dos años.

En 1913, junto con otras compañeras organizamos la Séptima Conferencia de la Alianza Internacional por el Sufragio Femenino, en la que participaron 3000 delegadas internacionales. El ambiente de pre-guerra ya estuvo muy presente entre nosotras, al igual que la diversidad de posturas a tomar ante una posible guerra mundial. Así fue como empezó la división entre las sufragistas, las que nos posicionamos con una postura pacifista frente a la guerra y las que entendieron que era necesario tomar las armas. 

Mis convicciones pacifistas me situaron nuevamente en una posición incómoda pues siempre estuve convencida que: “Los derechos de las mujeres, los derechos de los hombres, los derechos humanos, todos están amenazados por el siempre espectro del a guerra, tan destructivo ahora de los valores materiales y morales, que hacen que la victoria sea indistinguible de la derrota

Con gran dolor viví el inicio de la guerra en Londres, donde estaba trabajando como secretaria de prensa de La Internacional Woman Sufrage. Fueron tiempos muy duros en los que viví muchas humillaciones, acusada siempre de extranjera y enemiga, pues mi país estaba en el bando contrario. Mi compromiso como sufragista y pacifista me empujó a migrar a Estado Unidos para poder seguir con estas actividades. En 1915, 9 meses después de haberse iniciado la guerra, mujeres pacifistas del mundo, convocamos el Congreso Internacional de Mujeres de la Haya

Nuestros objetivos eran ambiciosos y claros:  protestar contra la locura y el horror de la guerra, elaborar una estrategia de paz y hacer un llamamiento a la mediación inmediata de países neutrales. El congreso movilizó a miles de mujeres que se jugaron la vida en el viaje: las delegadas alemanas fueron retenidas en las fronteras, las francesas y rusas no pudieron llegar finalmente. Yo fui cacheada y retenida también en algunas fronteras. El Congreso fue presidido por la norteamericana Jane Adams. Ambas coincidíamos en que el compromiso con la paz tenía que ser forzosamente un compromiso con las clases sociales más empobrecidas porque es imposible la paz sin justicia social y económica.

En este Congreso se sentaron las bases del movimiento internacional de mujeres por la paz, y fue también el origen de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad-Women´s International League por Peace and freedom (WILPF), que por cierto, actualmente gran parte de sus energías en este momento están puestas en la denuncia y el fin del genocidio palestino. Al terminar el Congreso organizamos delegaciones para llevar nuestras resoluciones a los jefes de gobierno de Europa y Estado Unidos, Yo participé en 35 delegaciones. Hablé en las puertas de las fábricas y en lugares públicos de 60 ciudades. En numerosas ocasiones compartí tribuna con la también pacifista y sufragista Emmeline Pethick Lawrence. Aun me conmueve la imagen de hermanamiento que evocamos juntas dos mujeres cuyos países estaban enfrentados por la guerra y que se convirtió en un poderoso símbolo de nuestra propuesta pacifista. Conseguí que Henry Ford financiara la iniciativa del Barco por la paz, una iniciativa para recorrer el Mediterráneo y propiciar un acuerdo entre los países en guerra y que finalmente fracasó. 

Al terminar la guerra, aunque seguí residiendo en Estados Unidos renové mi actividad en Europa. El imperio Austro- húngaro había desaparecido con la contienda y daba sus primeros pasos la república húngara. Fue entonces cuando el primer ministro Mihály Kárdhyi me ofreció ser embajadora en Suiza. Así lo hice durante unos años, hasta que, en 1919, el gobierno comunista de Bel Kun me privó de mis derechos civiles y tuve que migrar de nuevo, esta vez a Viena, huyendo del antisemitismo.Dos años después lo haría de nuevo a Estados Unidos, Tampoco allí lo tuve fácil. Me vi constantemente asediada por campañas de difamación, colocada en listas negras por mi activismo pacifista. 

Llegué incluso a ser acusada de espionaje y de ser miembro de una conspiración judía contra el gobierno. Se me denegó sistemáticamente la nacionalidad estadounidense por no querer firmar un documento que me obligaba al compromiso de coger un arma en defensa del país. Mantuve batallas legales en los tribunales, escribí a Einstein buscando su apoyo y conseguí ganar la apelación, pero en 1929 la Corte Suprema fallo en contra. No tuve otra opción más que vivir en Estados Unidos como apátrida hasta mi muerte, pero no cejé en mi compromiso con las mujeres y el pacifismo. Corrían entonces de nuevo climas bélicos y totalitaristas en Europa. Por mi condición de judía y pacifista volver a Europa era un suicido y por ello decidí permanecer, en condiciones de vida muy precarias en Estados Unidos apoyada y sostenida en amigas incondicionales.

Si cuando en1914 llegue a Estados Unidos la prensa americana me recibió como una destacada pacifista y feminista húngara y los periódicos judíos me aclamaron orgullosos de mis orígenes y mi compromiso con los derechos humanos en Europa y América, 15 años después me había convertido en una refugiada política empobrecida y apátrida, incluida en las listas negra de personas antiamericanas. Pero todas estas dificultades no doblegaron mi espíritu ni mi compromiso por la paz.

Junto con Lola Maverick Lloyd fundamos la Campaña por el Gobierno mundial, con una visión muy avanzada de la necesidad de un organismo que velara por la paz mundial y persiguiera y juzgara a quienes la destruyen. Muchos años después sobre esta idea y esfuerzos se creará el Tribunal Internacional de la Haya para proteger a los ciudadanos y ciudadanas de los crímenes de guerra de lesa humanidad y los genocidios.

En 1948 fui nominada al Nobel de la Paz con el apoyo de organizaciones feministas y pacifistas del mundo, pero más a modo simbólico que efectivo, pues contaba con muy pocas posibilidades por la radicalidad de mis opciones. Mi gran amiga Edith Wynner cuidó de mi en los momentos más duros de mi vida en Estados Unidos hasta mi muerte en Nueva York en el año 1948 y preservó mi legado. Legado, por cierto, que hace unos años el investigador y escritor vasco, Kirmen Uribe ha desempolvado de la amnesia social con la novela La vida antes de los defines.

Mi espíritu sigue vivo en las mujeres de la WILFP las mujeres de Negro y tantas mujeres antimilitaristas en estos tiempos de remarme mundial y nuevos rostros de fascismo y totalitarismo.

 

BIBLIOGRAFÍA

MUJERES DE NEGRO DE MADRID, Mujeres que se opusieron a la primear guerra mundial, Madrid, 2028.  

Liga Mundial de las mujeres por la paz y la libertad  https://wilpf.es/ 

 

 

 

 

 

     


miércoles, 5 de marzo de 2025

RENACER COMO MUJERES NUEVAS ( Revista Sororidad. Febrero)

Los tiempos litúrgicos también necesitan ser pensados y vividos desde la sensibilidad y la sabiduría de las mujeres. Por eso en esta editorial nos proponemos acercarnos a la cuaresma como tiempo de conversión y cambio desde la espiritualidad femenina-feminista. La conversión supone reorientar la sensibilidad y la praxis hacia la projimidad y la sororidad movida por la fuerza de la Ruah, desde la hondura del corazón y la realidad. Reorientar la propia existencia desde el amor. Un amor, que no es romántico, como no lo fue el de Jesús, pues pasa por el respeto y amor a una misma, a la dignidad propia y ajena, incluida la dignidad de la casa común. Un amor que tampoco se encierra en la dimensión intimista o individual, sino que es también político. Un amor que se traduce en compromiso y coraje colectivo para hacer de la vida un banquete sin primeras ni últimas, con quienes son excluidas del festín neoliberal que acontece hoy en nuestro mundo y despoja de bienes comunes a tanta humanidad y especialmente a mujeres y niñas.

La conversión pasa por volver a poner en el centro de la vida y de nuestros ambientes el pan y las rosas, y no el dinero ni la indiferencia. El pan, para tener de qué vivir (justicia, derechos, trabajo vivienda, etc) y las rosas, para tener por qué vivir (espiritualidad, sentido, vínculos que nos liberan y construyen sororidad e interdependencia, etc). La conversión es posible porque somos seres inacabados y porque nuestros errores y desenfoques no tienen la última palabra en nuestra vida, sino que el Di-s todo misericordia y cuidado no deja de atraernos con cuerdas de amor hacia el deseo de comunión y plenitud (Os 11,4) y nos permite recomenzar de nuevo, porque vivir es un continuo caer y levantarse, como nos recuerda la poeta Begoña Abad,

¿Qué hiciste en tu vida?

Caer y levantarme.

Aprender a curar heridas magulladas.

Echar remiendo en los desgarros

Inventar menús para los que tenían hambre

Escuchar los gritos silenciosos del miedo

Hacer hueco para que cupieran todos

Sumar y multiplicar la alegría del diario

Restar y dividir la angustia y la tristura

Abrir puertas (…)

Caer y mirar desde ahí

Caer y levantarnos

No hay conversión sin cambio. El cambio como señala Joan Chittister (2004) desempolva nuestras posibilidades y nos proyecta hacia nuevos comienzos, nos alejamos de una vida y caminamos hacia otra, de un yo hacia otro, de una forma de ser y estar en el mundo hacia otra . Florecemos de nuevo. La Cuaresma es un tiempo privilegiado para abrirnos a la escucha del Amor en el propio corazón y en el corazón de la historia y dejarnos transformar por la Ruah que la habita, para renacer con mujeres nuevas. Agarradas de la mano y la sabiduría de las mujeres bíblicas y otras que nos han precedido podemos también nosotras adentrarnos en ese nuevo nacimiento.

Así le sucedió a Débora, la juez de Israel que renació de nuevo, en medio del sufrimiento de su pueblo al levantarse y entonar un cantar (Jue 5,1) y resistirse a quedarse el lamento y la queja.

O a la mujer samaritana, que, en la escucha y el encuentro con aquel desconocido, pasó de la trivialidad y la banalización de la vida a la profundidad y al compromiso con su comunidad rompiendo expectativas y roles establecido, “impropios” de una mujer de su época”.

O más contemporáneamente a Etty Hillesum, que pasó de una vida desordenada y caótica a una vida anclada en el amor y la esperanza en la densidad del infierno de un campo de co
ncentración ayudando a Dios a no apagarse en el mundo.

O a Dorothy Day, que pasó de la increencia a la fe, liderando la revolución del corazón desde la no violencia activa y la solidaridad, con quienes transitaban las periferias de la sociedad norteamericana del pasado siglo, convencida que el Evangelio es hoy, el Evangelio es ahora.

¿A que nuevos renacimientos como mujeres nuevas nos convoca y provoca la realidad esta cuaresma?


martes, 15 de octubre de 2024

Mapas para encontrarnos ( Alandar Octubre)

Me sorprende esta mañana este cartel en la puerta del Centro Dramático Nacional. Me resulta inspirador en este octubre que amanece con la noticia de la invasión del Líbano por parte del ejército de Netyanahu mientras el genocidio de Palestina parece no tener fin. La polarización política y social  tampoco afloja en nuestra  convivencia y mucho menos en el Congreso de los Diputados. La irritabilidad se ha hecho una compañera incómoda en el cada día de nuestros barrios como expresión de la sociedad del cansancio en la que estamos inmersas ¿Cómo pasar de la desconfianza y la descalificación al reconocimiento, el respeto mutuo yel encuentro?. Propongo algunas señalizaciones posibles en la  cartografía que hagan posible la cultura del encuentro.

-Proximidad, y reconocimiento. El cuerpo a cuerpo, que nos saca de la abstracción de las ideas y nos permite reconocer lo que tenemos en común como seres humanos liberándonos de estereotipos o prejuicios. O dicho en el lenguaje de Fratelli Tutti: Acercarse, expresarse, escuchar, mirar conocerse, tratar de comprender, buscar puntos de contacto, reconocer la diversidad y respetarla, porque el todo es superior a las partes y las diferencias puedan convivir enriqueciéndose e iluminándose recíprocamente, aunque ello implique discusiones que hemos de aprender a gestionar(FT 198-224).

-Escucha y mirada desarmada a los otros /as. Sin proyectar prejuicios ni pre-concepciones que buscan enfrentarnos y sitúan a unos/as  por encima o por debajo de otros/as. Cuidar lenguajes y gestos que incluyan y ayuden a desmontar estereotipos, generalizaciones, fake news y sean respetuosos con la diversidad y el reconocimiento de la dignidad de todas las personas con independencia de su género, orientación sexual, color de su piel, status económico, etc. Mirar a los demás y a uno mismo de forma capacitante, poniendo el foco en las posibilidades y no sólo en la carencia. Una mirada generadora de vínculos que  interrelacione y disponga ala confianza y a generar “un nosotros cada vez más amplio”, porque lo que lleva siempre al naufragio es el aislamiento y lo que siempre nos libera es la relación.

-Empatía y amabilidad. Ejercitar la capacidad de intentar ponernos en la piel del otro, y hacerlo revisando prepotencias o subalternidades que podemos tener  introyectadas. Junto a ello ensayar  lenguajes que alienten y conforten, que estimulen, en lugar de palabras que humillan, , irritan desprecian (…) porque La empatía y la amabilidad  permiten la búsqueda de consensos y abren caminos donde la exasperación destruye todos los puentes (F T 198-224)

-Cuestionar la autosuficiencia y acoger la propia vulnerabilidad ofreciéndonos amparo mutuamente. Lo que nos hace más humanos no es la prepotencia, la intolerancia,  el dogmatismo excluyente, sino la capacidad de saber convivir haciendo hueco a la diversidad que nos constituye como humanidad y aprendiendo a cuidarnos colectiva e inclusivamente, afrontando juntos los riesgos que nos amenazan como especie y como casa común. Frente a la cultura de la indiferencia  la resignación, la impotencia, el no hay nada que hacer, cultivar el sostén mutuo, la organización colectiva y la creatividad. Multiplicar dones, capacidades potencialidades desde la vulnerabilidad compartida, porque la vulnerabilidad si se colectiviza puede hacerse potencia

-Compartir relatos de resistencias y búsquedas que nos estimulen, porque no siempre gana Goliat y necesitamos narrárnoslo y celebrarlo. La risa, la fiesta, la celebración, el humor son también importantes como formas de resistencia que estimulan y fortalecen la cultura del  encuentro

-La apuesta constante y terca por el diálogo y la tolerancia desde la sabiduría de la no violencia activa y la desobediencia civil: No en nuestro nombre. Un diálogo persistente y corajudo, en expresión del papa Francisco. Un diálogo que trata de ir más allá del diálogo dialéctico, para llegar a una auténtica comprensión del otro, que permita una verdadera comunicación mutua, del que emerja un lenguaje común que atraviese los límites del lenguaje propio. Un diálogo flexible y abierto a un mutuo enriquecimientoQue nos lleve a estar dispuestos a ceder algo por el bien común.

¡Buena aventura y a seguir haciendo mapas y hojas de ruta!¡Nos jugamos mucho!

Pepa Torres Pérez

 

 

 

 

 

sábado, 20 de abril de 2024

domingo, 18 de febrero de 2024

Presentación del libro: Perseguida por amor, de Isabel Gòmez Acebo


Una gozada participar en la presentación de este libro  sobre Dorothy Day, siempre inspiradora  por su compromiso social y pacifista. Una gozada también hacerlo con estas compañeras de mesa  

miércoles, 20 de diciembre de 2023

jueves, 14 de septiembre de 2023

Seguimos de Centenario

 Este años hacemos los 100 años del nacimiento de la institución de la que formo parte, de mis  miles de pertenencias , la más vinculante. os comparto este video para que conozcáis la genealogía de Luz R. Casanova , la mujer que puso en marcha  con otras compañeras la firma de vida  que hoy es la mía. 

https://youtu.be/ebtG9i6Emyk

jueves, 13 de julio de 2023

MAESTRAS DE VIDA: SIMONE WEIL

En el contexto electoral la voz de otra gran maestra de vida: Simone Weil, se acerca a mi oído y como guardando un secreto me cuenta su historia y su compromiso político

Nací en Paris el febrero de 1909 en el seno de una familia acomodada judía y en un tiempo oscuro amenazado de totalitarismo y barbarie como así fue. Mi familia estaba convencida que la cultura era un instrumento imprescindible para hacer a los pueblos y a las personas tolerantes y libres y así nos educaron, tanto a mi querido hermano André, como a mí, en el gusto y la pasión por el estudio y la reflexión crítica. Desde niña la brillantez intelectual de mi hermano fue para mí un estímulo importante y a veces también motivo de desánimo e incluso de desesperación, porque desde muy pequeña me apasiono el conocimiento de la verdad y durante gran parte de mi vida creí que solo podría acceder a ella a través del conocimiento y la reflexión teórica

Mucho más tarde comprendería que es el propio deseo de búsqueda de la verdad lo que nos va conduciendo a encontrar su rastro y que la verdad más que una idea pide ser encarnada. La búsqueda de la verdad y la compasión hicieron de mí una mujer inquieta y crítica hasta el final de mi vida, difícil de clasificar. De ellas brotó también mi amor por la filosofía, cuya pasión se haría aún mucho más intensa siendo alumna de mi querido profesor y posteriormente siempre amigo Alain (Émile Chartier). ¡Sus enseñanzas me hicieron despertar a tantas utopías y grandes deseos: la justicia social, la libertad democrática, etc, y a olvidarme de todo lo que no sirviera para tal fin, ¡cosas tan básicas como la forma de vestir o incluso comer!.

Mi paso por la Soborna y la Escuela Normal Superior de Paris, con apenas 19 años contribuyó también enormemente a que mi pasión por la filosofía se hiciera más radical y social y políticamente comprometida. La cuestión de la explotación de las masas obreras en el trabajo y el hambre en el mundo se convirtieron para mí en una urgencia ética. Recuerdo una tarde que Simone de Beauvoir y yo coincidimos en una tertulia donde ella planteó que el mayor problema de la humanidad era encontrar sentido a la existencia. Y yo con toda mi pasión juvenil de aquel momento, no pude menos de cuestionar aquella afirmación como propia de alguien que tenía todas las necesidades cubiertas y que la revolución más necesaria para la humanidad no podía ser otra que poner fin al hambre en el mundo.

Mis comentarios, mi agudeza intelectual y mi forma de vestir siempre desaliñada, me hicieron muy conocida en los ambientes intelectuales de la Sorbona, máxime cuando además era la única mujer de mi clase y empecé a participar en grupos de desobediencia civil y a denunciar la política colonialista francesa. En este tiempo mi experiencia de Dios se me fue confirmado inseparable de la praxis ética y la justicia, hasta el punto de como escribí por aquellos años: creer en Dios no es otra cosa que la acción justa.

Trabajé como profesora de filosofía en la escuela de Le Puy y me incorporé activamente al movimiento sindical, sumándome a las reivindicaciones obreras de los trabajadores más explotados y a dar clases gratuitas a los mineros. Algo que, a la dirección de mi centro, presionada por los padres de mis alumnos, les pareció impropio de una profesora de filosofía e hicieron lo posible por destituirme. Viajé a Alemania para conocer más de cerca el movimiento sindical y el marxismo, hasta que en 1943, tras una larga crisis de salud e ideológica, tomé la decisión de abandonar la política partidista por la violencia y el odio que engendraba, pero seguí siendo fiel al compromiso con los humillados y explotados.

Fue entonces cuando tomé la decisión de abandonar la enseñanza de la filosofía para vivir desde dentro la experiencia de pobreza y explotación. Así lo hice trabajando como obrera en la fábrica de electricidad Alsthom donde, como escribiría más tarde, viví la experiencia de que la sociedad moderna se edificada sobre trabajos para los cuales el ser humano debe obligarse a no pensar. La dureza del trabajo y sus consecuencias terribles para la salud: quemaduras, accidentes laborales, problemas de audición, ritmo inhumano que llevan a las personas a deslizarse hacia el estado de bestia de carga dejarán una honda huella en mi espíritu y me llevarán a participar de la desdicha ajena como propia y junto a ella la solidaridad entre iguales.

Después de la fábrica de Alsthom pasé por muchas otras, pero fue en la Renault donde viví las experiencias más duras y humillantes, la brutalidad de otros seres humanos que (…)imponían la crueldad y la opresión. Allí tuve la experiencia como escribí a mi gran amiga Albertine Thévenon, que una opresión inexorable e invencible no engendra como reacción inmediata la rebelión, sino la sumisión. A partir de este momento supe que dedicaría todo lo que me quedara de vida a luchar para que el ser humano pudiera tener oportunidades para vivir de una forma digna y fraterna. Mi salud se debilitó enormemente y en un viaje que hice a Portugal en 1935 para recuperarme, entre pescadores tuve una experiencia religiosa que marcaría para siempre mi existencia como escribí a mi querido amigo el padre Perrin:

Tenía el cuerpo y el alma despedazados, aquel contacto con la desdicha había matado mi juventud (…) Al estar en una fábrica, confundida a los ojos de todos y a los míos propios con la masa anónima, la desdicha de los otros penetró en mi carne y en mi alma (…). Lo que allí sufrí me marcó para siempre (…). Con este estado de ánimo y en unas condiciones físicas miserables, llegué a ese pequeño pueblo portugués, que era igualmente miserable, sola, por la noche, bajo la luna llena, el día de la fiesta patronal (…) Las mujeres de los pescadores caminaban en procesión junto a las barcas; portaban cirios y entonaban cánticos, sin duda muy antiguos, de una tristeza desgarradora (…). Allí tuve de repente la certeza de que el cristianismo es por excelencia la religión de los esclavos, de que los esclavos no podían dejar de adherirse a ella, y yo me sentí entre ellos.

Fue poco después cuando retomé de nuevo la docencia y la escritura filosófica sin dejar nunca de apoyar a los miles de refugiados que llegaban de Alemania acogiéndoles en mi casa y en la de mi familia. El golpe de estado de Franco y la defensa de la república en España fue para muchos de mis contemporáneos y contemporáneas un revulsivo ante el que nos quisimos ser meros espectadores, Marché entones al frente como periodista en la columna Durruti. Allí el horror de la guerra y la decepción de la izquierda me provocaron una intensa crisis de la que saldrían algunos de mis artículos y reflexiones filosóficas más discutidas. Al volver a Francia me incorporé de nuevo al activismo pacifista contra la política colonial francesa en Indochina. Dos años después en un viaje de descanso a Italia, en Asís, en la capilla de Santa María de los Ángeles. tuve una segunda experiencia de encuentro con Dios que marcará mi vida para siempre y algo más fuerte que yo me obligó por primera vez a ponerme de rodillas. Al año siguiente en Solesmes, tras asistir a los oficios de Semana Santa: me sentí de nuevo visitada por Cristo y amada por Él intensamente:

Sentí una presencia más personal, más cierta, más real que la de un ser humano, inaccesible tanto a los sentidos como a la imaginación, análoga al amor que se transparentaría a través de la más tierna sonrisa de un ser amado. Desde ese instante, el nombre de Dios y el de Cristo se han mezclado de forma cada vez más irresistible en mis pensamientos.

Por aquellos años escribí algunos de mis textos más conocidos: Meditación sobre la obediencia y la libertad y Sobre las condiciones del marxismo. Examen critico de las ideas de revolución y progreso.

Ya entonces el horror de los totalitarismos, y la guerra marcarán mi reflexión y mi vida para siempre. Fue entonces cuando empezó a tomar cuerpo en mi un proyecto que nunca pude realizar, pero que intenté darlo a luz con todas mis fuerzas: un cuerpo de enfermeras en primera línea del frente. El 1 de Junio de 1940 los alemanes entraron en Paris y forzada por mis padres tuve que huir con ellos hacia Marsella. Allí conocí a mis grandes amigos Jean Lambert, Gilbert Khan, Gustave Thivon, Helene Honrat, que a mi muerte publicarán muchos de mis textos inéditos. A través de ellos conocí también al padre Perrin, mi gran confidente espiritual. En esta ciudad fui detenida varias veces por mi implicación con la Resistencia. En este tiempo el deseo de estar junto a los trabajadores más humildes me llevará a trabajar como temporera en el campo y a experimentar, como escribí por aquel entonces, un agradecimiento sincero por(…) haberme sacado de la categoría social de los intelectuales y haberme dado la tierra y con ella la naturaleza (…). Será este un tiempo inmensamente creativo, como si intuyera mi muerte próxima.

En mayo de 1942 mi familia y yo con cientos de refugiados embarcamos hacia Casablanca y desde allí a Nueva York. Pero yo no dejé en el empeño de regresar a Europa y así lo hice llegando hasta Londres, dispuesta a colaborar más intensamente con la Resistencia al nazismo. Sin embargo, mis planes se vieron muy pronto truncados por mi frágil salud. Mi deseo de solidaridad me llevó a dejar de comer hasta que el pan no llegara a todos, Mi muerte aconteció el 24 de Agosto en 1943 en Ashford, alejada de mi familia y mis amigos, identificada con los últimos y los perdedores de la historia a los que había ido poco a poco entregando toda mi vida : mi pensamiento intelectual, mi frágil cuerpo y la libertad de un corazón siempre anhelante en búsqueda de la verdad y de encarnarla.

jueves, 1 de junio de 2023

GENEALOGIAS FEMENINAS y MAESTRAS DE VIDA: SIMONE WEILL (Alandar Junio 2023)


En el contexto electoral la voz de otra gran maestra de vida: Simone Weill, se acerca a mi oído y como guardando un secreto me cuenta su historia y su compromiso político

Nací en Paris el febrero de 1909 en el seno de una familia acomodada judía y en un tiempo oscuro amenazado de totalitarismo y barbarie como así fue. Mi familia estaba convencida que la cultura era un instrumento imprescindible para hacer a los pueblos y a las personas tolerantes y libres y así nos educaron, tanto a mi querido hermano André, como a mí, en el gusto y la pasión por el estudio y la reflexión crítica. Desde niña la brillantez intelectual de mi hermano fue para mí un estímulo importante y a veces también motivo de desánimo e incluso de desesperación, porque desde muy pequeña me apasiono el conocimiento de la verdad y durante gran parte de mi vida creí que solo podría acceder a ella a través del conocimiento y la reflexión teórica

Mucho más tarde comprendería que es el propio deseo de búsqueda de la verdad lo que nos va conduciendo a encontrar su rastro y que la verdad más que una idea pide ser encarnada. La búsqueda de la verdad y la compasión hicieron de mí una mujer inquieta y crítica hasta el final de mi vida, difícil de clasificar. De ellas brotó también mi amor por la filosofía, cuya pasión se haría aún mucho más intensa siendo alumna de mi querido profesor y posteriormente siempre amigo Alain (Émile Chartier). ¡Sus enseñanzas me hicieron despertar a tantas utopías y grandes deseos: la justicia social, la libertad democrática, etc, y a olvidarme de todo lo que no sirviera para tal fin, ¡cosas tan básicas como la forma de vestir o incluso comer!

Mi paso por la Soborna y la Escuela Normal Superior de Paris, con apenas 19 años contribuyó también enormemente a que mi pasión por la filosofía se hiciera más radical y social y políticamente comprometida. La cuestión de la explotación de las masas obreras en el trabajo y el hambre en el mundo se convirtieron para mí en una urgencia ética. Recuerdo una tarde que Simone de Beauvoir y yo coincidimos en una tertulia donde ella planteó que el mayor problema de la humanidad era encontrar sentido a la existencia. Y yo con toda mi pasión juvenil de aquel momento, no pude menos de cuestionar aquella afirmación como propia de alguien que tenía todas las necesidades cubiertas y que la revolución más necesaria para la humanidad no podía ser otra que poner fin al hambre en el mundo.

Mis comentarios, mi agudeza intelectual y mi forma de vestir siempre desaliñada, me hicieron muy conocida en los ambientes intelectuales de la Sorbona, máxime cuando además era la única mujer de mi clase y empecé a participar en grupos de desobediencia civil y a denunciar la política colonialista francesa. En este tiempo mi experiencia de Dios se me fue confirmado inseparable de la praxis ética y la justicia, hasta el punto de como escribí por aquellos años: creer en Dios no es otra cosa que la acción justa.

Trabajé como profesora de filosofía en la escuela de Le Puy y me incorporé activamente al movimiento sindical, sumándome a las reivindicaciones obreras de los trabajadores más explotados y a dar clases gratuitas a los mineros. Algo que, a la dirección de mi centro, presionada por los padres de mis alumnos, les pareció impropio de una profesora de filosofía e hicieron lo posible por destituirme. Viajé a Alemania para conocer más de cerca el movimiento sindical y el marxismo, hasta que en 1943, tras una larga crisis de salud e ideológica, tomé la decisión de abandonar la política partidista por la violencia y el odio que engendraba, pero seguí siendo fiel al compromiso con los humillados y explotados.

Fue entonces cuando tomé la decisión de abandonar la enseñanza de la filosofía para vivir desde dentro la experiencia de pobreza y explotación. Así lo hice trabajando como obrera en la fábrica de electricidad Alsthom donde, como escribiría más tarde, viví la experiencia de que la sociedad moderna se edificada sobre trabajos para los cuales el ser humano debe obligarse a no pensar. La dureza del trabajo y sus consecuencias terribles para la salud: quemaduras, accidentes laborales, problemas de audición, ritmo inhumano que llevan a las personas a deslizarse hacia el estado de bestia de carga dejarán una honda huella en mi espíritu y me llevarán a participar de la desdicha ajena como propia y junto a ella la solidaridad entre iguales.

Después de la fábrica de Alsthom pasé por muchas otras, pero fue en la Renault donde viví las experiencias más duras y humillantes, la brutalidad de otros seres humanos que (…)imponían la crueldad y la opresión. Allí tuve la experiencia como escribí a mi gran amiga Albertine Thévenon, que una opresión inexorable e invencible no engendra como reacción inmediata la rebelión, sino la sumisión. A partir de este momento supe que dedicaría todo lo que me quedara de vida a luchar para que el ser humano pudiera tener oportunidades para vivir de una forma digna y fraterna. Mi salud se debilitó enormemente y en un viaje que hice a Portugal en 1935 para recuperarme, entre pescadores tuve una experiencia religiosa que marcaría para siempre mi existencia como escribí a mi querido amigo el padre Perrin:

Tenía el cuerpo y el alma despedazados, aquel contacto con la desdicha había matado mi juventud (…) Al estar en una fábrica, confundida a los ojos de todos y a los míos propios con la masa anónima, la desdicha de los otros penetró en mi carne y en mi alma (…). Lo que allí sufrí me marcó para siempre (…). Con este estado de ánimo y en unas condiciones físicas miserables, llegué a ese pequeño pueblo portugués, que era igualmente miserable, sola, por la noche, bajo la luna llena, el día de la fiesta patronal (…) Las mujeres de los pescadores caminaban en procesión junto a las barcas; portaban cirios y entonaban cánticos, sin duda muy antiguos, de una tristeza desgarradora (…). Allí tuve de repente la certeza de que el cristianismo es por excelencia la religión de los esclavos, de que los esclavos no podían dejar de adherirse a ella, y yo me sentí entre ellos.

Fue poco después cuando retomé de nuevo la docencia y la escritura filosófica sin dejar nunca de apoyar a los miles de refugiados que llegaban de Alemania acogiéndoles en mi casa y en la de mi familia. El golpe de estado de Franco y la defensa de la república en España fue para muchos de mis contemporáneos y contemporáneas un revulsivo ante el que nos quisimos ser meros espectadores, Marché entones al frente como periodista en la columna Durruti. Allí el horror de la guerra y la decepción de la izquierda me provocaron una intensa crisis de la que saldrían algunos de mis artículos y reflexiones filosóficas más discutidas. Al volver a Francia me incorporé de nuevo al activismo pacifista contra la política colonial francesa en Indochina. Dos años después en un viaje de descanso a Italia, en Asís, en la capilla de Santa María de los Ángeles. tuve una segunda experiencia de encuentro con Dios que marcará mi vida para siempre y algo más fuerte que yo me obligó por primera vez a ponerme de rodillas. Al año siguiente en Solesmes, tras asistir a los oficios de Semana Santa: me sentí de nuevo visitada por Cristo y amada por Él intensamente:

Sentí una presencia más personal, más cierta, más real que la de un ser humano, inaccesible tanto a los sentidos como a la imaginación, análoga al amor que se transparentaría a través de la más tierna sonrisa de un ser amado. Desde ese instante, el nombre de Dios y el de Cristo se han mezclado de forma cada vez más irresistible en mis pensamientos.

Por aquellos años escribí algunos de mis textos más conocidos: Meditación sobre la obediencia y la libertad y Sobre las condiciones del marxismo. Examen critico de las ideas de revolución y progreso.

Ya entonces el horror de los totalitarismos, y la guerra marcarán mi reflexión y mi vida para siempre. Fue entonces cuando empezó a tomar cuerpo en mi un proyecto que nunca pude realizar, pero que intenté darlo a luz con todas mis fuerzas: un cuerpo de enfermeras en primera línea del frente. El 1 de Junio de 1940 los alemanes entraron en Paris y forzada por mis padres tuve que huir con ellos hacia Marsella. Allí conocí a mis grandes amigos Jean Lambert, Gilbert Khan, Gustave Thivon, Helene Honrat, que a mi muerte publicarán muchos de mis textos inéditos. A través de ellos conocí también al padre Perrin, mi gran confidente espiritual. En esta ciudad fui detenida varias veces por mi implicación con la Resistencia. En este tiempo el deseo de estar junto a los trabajadores más humildes me llevará a trabajar como temporera en el campo y a experimentar, como escribí por aquel entonces, un agradecimiento sincero por(…) haberme sacado de la categoría social de los intelectuales y haberme dado la tierra y con ella la naturaleza (…). Será este un tiempo inmensamente creativo, como si intuyera mi muerte próxima

En mayo de 1942 mi familia y yo con cientos de refugiados embarcamos hacia Casablanca y desde allí a Nueva York. Pero yo no dejé en el empeño de regresar a Europa y así lo hice llegando hasta Londres, dispuesta a colaborar más intensamente con la Resistencia al nazismo. Sin embargo, mis planes se vieron muy pronto truncados por mi frágil salud. Mi deseo de solidaridad me llevó a dejar de comer hasta que el pan no llegara a todos, Mi muerte aconteció el 24 de Agosto en 1943 en Ashford, alejada de mi familia y mis amigos, identificada con los últimos y los perdedores de la historia a los que había ido poco a poco entregando toda mi vida : mi pensamiento intelectual, mi frágil cuerpo y la libertad de un corazón siempre anhelante en búsqueda de la verdad y de encarnarla.