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viernes, 5 de diciembre de 2025

Valoración ante la respuesta de la Comisión de Investigación y Estudio del Vaticano sobre el diaconado femenino


1-Una vez más, las mujeres católicas nos sentimos profundamente decepcionadas de las decisiones de la Iglesia por seguir manteniendo muros que nos impiden el acceso a los ministerios ordenados, en concreto al diaconado, pese a su existencia histórica, durante siglos, en la Iglesia: una memoria y tradición conocida que se ha desarrollado de manera desigual y con especificidades locales propias.

2- En el marco de una Iglesia comprometida con la sinodalidad, la negación del diaconado femenino nos parece una contradicción intrínseca, porque nuevamente desde la jerarquía se pretende generar procesos de cambio eclesial sin nosotras, las mujeres. Se apartan así nuestros dones, aspiraciones y deseos más hondos de servicio al Evangelio y se olvida, de nuevo, que la participación en la Iglesia no es una cuestión utilitarista ni tampoco una jerarquía de consagrados y subalternas, sino una diversidad de ministerios eclesiales, que reconoce y otorga la comunidad cristiana a quien posee los dones que Dios le ha dado.

3- En este sentido, las propuestas sobre la participación en igualdad que han llegado al Sínodo de la Sinodalidad han sido miles, visibilizando que, en los lugares más olvidados del mundo incluso por la propia Iglesia, las comunidades cristianas se mantienen vivas, de hecho, gracias al Espíritu y la tarea diaconal no reconocida de las mujeres en sus comunidades.

4- Creemos que la resistencia al diaconado femenino, entendido dentro del orden sacerdotal, y la negativa a su reconocimiento y puesta en marcha, es una decisión más fruto del miedo a la pérdida del privilegio masculino, que de la audacia evangélica y el reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres instaurada por Jesús de Nazaret.

5- Consideramos que argumentar la exclusión del diaconado en la masculinidad de Cristo pone en riesgo la teología del Concilio Vaticano II que ratifica la igual dignidad de las mujeres y los hombres y el reconocimiento de las primeras como imagen de Cristo, y la hace exclusiva de los varones. Esta argumentación, basada en la diferencia sexual, algo constitutivo del ser humano, significaría que las mujeres no son salvadas de la misma manera que los varones, pues no son imagen de Cristo (en su naturaleza humana). Esto, desde una perspectiva teológica y salvífica, tiene una gravedad enorme, pues impide la plena cristificación de las mujeres. Se trata –además- de una argumentación poco convincente incluso para la propia comisión de estudio, en la que 5 de 10 miembros votaron en contra y otros 5 a favor.

6-El documento final es un reflejo de los miedos y tensiones internas que la cuestión de las mujeres sigue provocando a la Iglesia. Lo que para algunos es una peligrosa confusión antropológica que alinea a la Iglesia con el espíritu de los tiempos, para otros y otras, es lo que miles de mujeres católicas reclamamos hoy a la Iglesia: escuchar los signos de los tiempos, entre ellos -sin duda- el clamor por la igualdad y la justicia de género frente a toda forma de poder y violencia contra las mujeres y actuar en consecuencia frente a siglos de discriminación y subordinación.

7-Creemos, en definitiva, que se trata de un documento tremendamente ambiguo que aplaza la cuestión de la ordenación de las mujeres como diáconas/diaconisas, quedando abierta a una mayor exploración teológica y pastoral y remitiendo la decisión final al magisterio. A cambio se favorece una mirada segregada, benévola y paternalista, hacia las mujeres con el reconocimiento de nuestra diaconía bautismal y adjudicándonos una mal entendida dimensió
n mariana de la sumisión y la complementariedad, justificándolo con un lenguaje ambiguo que anima a “ampliar los espacios comunitarios y de participación y corresponsabilidad a las mujeres”. Con ello se pretende contentarnos, como así ha sido desde hace siglos y sigue siendo, con un rol de creyentes “complementarias” y secundarias.

Pese a todo ello, como Revuelta de Mujeres en la iglesia de Madrid, nos sentimos tercamente esperanzadas y llenas del Espíritu santo y transformador, porque la esperanza en el Evangelio no defrauda, porque sabemos de quién nos hemos fiado…porque la Iglesia siempre necesita voces proféticas en su falibilidad histórica. Esta es nuestra labor como Hijas de Dios e hijas de la Iglesia e invitamos a que otras y otros creyentes se sigan sumando a esta labor, ciertamente imprescindible.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Presentación de Vivas nos luchamos en Zaragoza


 Las amigas de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia de Zaragoza y  el periodista Juanjo Hernández  presentan conmigo mi último libro en Zaragoza. Si estáis  por allí  encantadas de que os suméis.  Un libro  a caballo entre la espiritualidad, el activismo  y lo social.  Os esperamos  

martes, 15 de diciembre de 2020

TEOLOGÍA EN LAS PERIFERIAS De amor político y cuidados en tiempos de incertidumbre


Gracias, Miguel Ángel Mesa, amigo y poeta siempre de la esperanza cotidiana  

por tu reseña  sobre mi último libro  

TEOLOGÍA EN LAS PERIFERIAS 

De amor político y cuidados en tiempos de incertidumbre

Pepa Torres Pérez

San Pablo, Madrid 2020


Mi buena amiga Pepa Torres comienza en la introducción de este libro diciendo: “Soy mujer de memoria y cicatrices”. Y es verdad, porque todo lo que ha experimentado en su vida permanece en su recuerdo, pero nutriendo el hoy de su existencia y de su compromiso. 

Y las cicatrices están presentes, porque también ha tenido y tiene heridas que le duelen, causadas por las leyes discriminatorias e inhumanas, por la opresión y las injusticias contra los más débiles, por la violencia y el desprecio hacia las mujeres, por las incoherencias de la Iglesia, que traiciona tantas veces el mensaje del Evangelio… 

Pero, a pesar de todo esto, nunca se queda lamiendo sus laceraciones, sino que reacciona rápidamente de forma resiliente, transformándolas en heridas luminosas. Y de esta forma logra transformar su entorno, porque es una mujer que sana a quien tiene a su alrededor, con diálogo profundo, abrazos intensos, sinceros y con la alegría que desborda a raudales. Después de estar con ella sales renovado. 

Muchos dirán que este no es un libro de teología al uso. Y así es. Porque esta teología está reflexionada y escrita tras la inmersión en la cotidianidad de las periferias existenciales, con sus contradicciones y sus luces, junto a sus luchas y esperanzas trabajadas en el día a día, y no desde la altura, la distancia y el aislamiento, “para ser así objetivos, sin contaminarse”. Porque a ella le gusta transitar por las fronteras, para sentir el dolor, la angustia, el sufrimiento, en ella misma, que otros y otras sufren; acercándose de forma siempre amistosa y muy humana, ofreciendo una buena noticia de liberación, desde los sentimientos de Jesús de Nazaret, actualizados por la Ruah de Dios en este tiempo que nos ha tocado vivir, tan cargado de nubes grises de incertidumbre y de esperanzas. 

Teología en las periferias transmite la misericordia del buen Dios que su autora palpa en los contextos de exclusión por los que transita. Como su título indica es una narración teológica sobre el amor político y los cuidados, a todos los niveles, como base para transformar la sociedad y mejorar así las condiciones de las personas más vulnerables. 

El saber místico de Pepa, gran conocedora de Etty Hillesum, Dorothy Day o Madeleine Delbrêl, también está presente en este libro, que atrae desde la lectura de la primera página. Pepa Torres es también una militante feminista consecuente, a quien le duelen vivamente las afrentas que sufren día a día las mujeres en nuestra sociedad y, por ello, se compromete con sus luchas y reclamaciones justas, contra la violencia, la discriminación y el desprecio que sufren tanto en nuestro país, como en el mundo y en la Iglesia. 

Sobre todo ello se reflexiona en este libro. Compromisos y vivencias, plasmados con una claridad, belleza y profetismo que provienen de una profunda y cuidada interioridad, una mística vital de ojos abiertos, que tiene su origen en Dios y que su autora experimenta como “Aliento de vida, manantial de resiliencia, que sostiene, inspira, moviliza a la solidaridad y la creatividad. Un Dios dynamis, que nos empuja a rebuscar hasta encontrar entre las cenizas del sufrimiento, la esperanza. Un Misterio de amor que no distingue entre creyentes ni ateos, sino que es experto en periferias y en humanidad más que en moralidades. Un Dios Ruah alentadora, que nos mueve a salir de nuestros propios miedos e intereses y que nos hace experimentar que solo en la projimidad y en el asombroso poder de los encuentros y los abrazos podemos ser plenamente humanos y humanas, y participar del misterio de su divinidad todo-cuidadosa que nos habita”. 



(Miguel Ángel Mesa Bouzas) 


sábado, 7 de diciembre de 2019

TIEMPOS DE HIELO, DESOLACIONES Y SEMILLAS


Me ha costado mucho escribir este artículo. Todavía me encuentro silenciosa interiormente y un tanto desolada ante hechos de los que tristemente estamos siendo testigos: el ascenso de la ultraderecha en nuestro país, la imposibilidad de que los partidos en nuestra ciudad y otros lugares hayan llegado a un acuerdo para hacer una declaración conjunta contra la violencia de género el 25 de Noviembre, etc. Hechos que me recuerdan que atravesamos tiempos de hielo, más allá de la estación climática en la que nos encontramos, o en expresión de Yayo Herrero que lo que esta aconteciendo es una guerra contra la vida, porque la política y la economía hegemónicas se están desarrollando de espaldas y contra las bases materiales que permiten sostenerla. 

Hay miles de ejemplos que lo señalan, pero sin duda uno poderosísimo es el golpe de estado en Bolivia, con la imagen de la nueva presidenta portando la Biblia, custodiada por el ejército en su entrada al Palacio presidencial y en alianza con las grandes empresas extractivistas que pretenden explotar los yacimientos de litio del país, con múltiples consecuencias en la vida cotidiana del acá y del allá. Las cientos de familias latinoamericanas solicitantes de asilo, que llegan a Barajas cada semana y que hacen cola a diario en las puertas del Samur o la Oficina de Ayuda al Refugiado, a la espera de un recurso para el que son invisibles y que terminan por ser acogidas y acompañadas, frente a la insensibilidad de la administración, por la Red Solidaria de Acogida, la parroquia de San Carlos Borroneo, o la Mesa de hospitalidad de la iglesia son otro buen ejemplo.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Comentarios al Evangelio del 2020


Pues si...He escrito los comentarios al Evangelio del 2020, editados por San Pablo. 
La primera vez que en esta editorial lo hace una mujer. 
Gracias a Mari Ángeles Lòpez Romero por haber apostado por ello...
Escribo las primeras líneas de la presentaciòn para "abrir boca" y que os animeis a leerlo. 

La Palabra de Dios es fuente de vida y alternatividad que pide ser personalizada y encarnada como le sucedió a Lucía Peláez, la protagonista de una historia narrada por Eduardo Galeano: 


“Cuando Lucía Peláez era muy niña, leyó un libro a escondidas. Lo leyó a pedacitos, noche tras noche. Mucho caminó Lucía (…) en busca de gente. Y a lo largo de los años en sus viajes iba siempre acompañada por los ecos de aquellas lejanas voces que ella había escuchado, con sus ojos en la infancia. Lucia no ha vuelto a leer ese libro. Ya no lo reconocería. Tanto le ha crecido adentro que ahora es otro, ahora es suyo” (E. Galeano. El libro de los abrazos) 


También el poeta León Felipe nos recuerda que el sentido de la “palabra” es interiorizarla, introducirla en lo más hondo de una misma: “Quien tenga una palabra, quien tenga una doctrina, que se la coma”, que la haga carne de su carne, que se deje transformar internamente por ella. Así es la Palabra de Dios, una palabra hecha carne, cuerpo, pueblo, historia, cultura, una palabra que pide ser interpretada existencialmente...






viernes, 1 de diciembre de 2017

Primer domingo de Adviento. Ideas para la homilìa

LA OPORTUNIDAD DE ESTE ADVIENTO PARA NUESTRA CONVERSIÓN ECOLÓGICA 

Nuestra vida y toda la creación como como obra de Dios 

Iniciamos este Adviento con la provocación de una Palabra de Dios que nos urge a la confianza y a la responsabilidad. La confianza en que el sentido, el origen y el fin de la vida y de toda la creación es el amor gratuito de un Dios con corazón de Buen Padre y manos alfareras. Un Dios artesano y todo cuidadoso que nos invita a sumarnos con Él en la obra del amor y la justicia y a restaurar el orden roto por la violencia y el expolio al que está sometida nuestra casa común, la Madre Tierra. 

El profeta Isaías nos recuerda que Dios sale al encuentro de quienes practican la justicia. Hoy, desde el grito de la vida amenaza del planeta, sentimos que la ecojusticia es una llamada apremiante, ante la que como cristianos y cristianas no podemos permanecer indiferentes, porque formamos parte de la naturaleza y el clamor de los pobres y el clamor de la tierra ante la deforestación de nuestros bosques, o el desigual e injusto acceso al agua en el mundo, son un mismo clamor. Por ello este Adviento puede ser una buena oportunidad para descubrir y practicar la dimensión ecológica que conlleva también nuestra fe, porque el gemido de la hermana tierra que se une al gemido de los más abandonados nos están reclamando un cabio de rumbo ( LS 53) 

Enriquecidos por la vida de Jesús y su cuidado 

Pablo, en la carta a los Corintios nos hace caer en la cuenta de la riqueza del Evangelio, de la Buena Noticia y Gracia que es en nuestra vida como fuente de libertad, sencillez, esperanza, utopía, pero también de responsabilidad. Una responsabilidad que no vivimos en solitario, sino acompañados por la fidelidad de Dios que en Jesús se nos revela como el que permanece hasta el fin, hasta el extremo en todas nuestras luchas y anhelos por hacer de la tierra una casa común donde nadie quede excluido de sus bienes y la vida sea sostenible para las generaciones venideras 

El Evangelio no habla directamente de la ecología pero la actitud contemplativa y agradecida de Jesús con la naturaleza así como su atención al cuidado de la vida sobre todo donde aparece más amenazada y rota remiten a esta dimensión ecológica. Por eso el Evangelio es la Buena Noticia del cuidado. El cuidado es la esencia de lo humano y un valor universal a recuperar por toda la humanidad, porque como nos dice el papa Francisco:” el descuido en el empeño de cultivar y mantener una elación adecuada con el vecino, hacia el cual tengo el deber del cuidado y de la custodia destruye mi relación interior conmigo mismo, con los demás, con Dios y con la tierra. Cundo todas estas relaciones son descuidadas, cuando la justicia ya no habita en la tierra, la Biblia nos dice que la vida está en peligro” (LS 69) 

Vigilar, estar atentos y atentas 

El Adviento es tiempo de atención y de cuidado. El alumbramiento de una nueva humanidad, de un mundo más sostenible y justo pide vigilancia y cuidado en nuestra relación con la naturaleza, en nuestras prácticas y estilo de vida y consumo, porque todo está relacionado. La compra de tierras en Mozambique, que deja en la miseria a miles de personas o les obliga a venir a Europa arriesgando su vida tiene que ver con la marca de café que consumimos o la franquicia donde quedamos a charlar con unos amigos; o donde compramos la ropa, por barata que nos salga, con la explotación de la mano de obra infantil y femenina en Bangladesh; o la celebración de cumpleaños en Burger King con la deforestación de la Amazonía. 

Velad, Vigilad, nos recuerda el Evangelio de este primer domingo de Adviento hoy, estad atentas y atentos por donde la casa común estás cada vez más expoliada y quienes sufren más las consecuencias de este abuso. Estad atentas y atentos a los grupos, personas, iniciativas, que están empeñadas en su cuidado y que nos muestran otras formas de vivir y consumir para que la vida sea sostenible y abundante para todos. Estad atentos y atentas porque Dios quiere de este modo alumbrar una nueva creación y necesita para ello que le echemos una mano.