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sábado, 13 de mayo de 2023

miércoles, 5 de abril de 2023

Memorias transgresoras. Maestras de vida: ETTY HILLESUM ( Alandar Abril 2023)

Este jueves y viernes santo me acompaña la presencia de Etty Hillesum, una mujer que partió su cuerpo como el pan y los repartió en el infierno de los campos de exterminio y al hacerlo alumbró la esperanza en los infiernos humanos.

Nací en Middelburg en Holanda, en el año 1914 Mi madre, Rebeca Bernstein era una judía rusa emigrante y mi padre Louis Hillesum, un profesor de lenguas clásicas. Tuve dos hermanos mi querido Mischa, pianista y siempre frágil de salud y Jaap, médico. 


Mi familia era todo menos corriente y aceptar nuestra originalidad, especialmente la de mi madre me llevo mucho tiempo y atravesar algunas crisis. Aunque soy judía la educación que recibí no fue especialmente religiosa. Siempre fui un “espíritu libre” con gran curiosidad intelectual y ávida de todo tipo de experiencias. En 1932 abandoné la casa familiar para ir a estudiar Derecho y lenguas eslavas en la universidad de Ámsterdam licenciándome en el año 1939.

Fueron años vertiginoso por la densidad de los acontecimientos que me tocó vivir y la pasión con que la vida bullía en mí interior. Años en los que, como después escribiría en mis Diarios, me sumergí en una búsqueda de absoluto que se equivocaba de dirección y me embarqué en experiencias intelectuales, afectivas y sexuales desordenadas e intensas. 

Allí conocí a Hans, mi casero y también mi amante, que me doblaba en edad y cuya relación me llevo a tomar decisiones siempre difíciles para una mujer. Fueron años también de vínculos cruciales en mi vida, de amistades y amores incondicionales que me marcarían la existencias para siempre: Maria Tuzinga, Bernard Meylink y sobre todo Julius Spier, el gran partero de mi alma.

Conocí a Julius en 1941 el mismo año que el partido nazi holandés incendió las sinagogas judías de Ámsterdam y la población aria se instaló en el gueto mientras centenares de judíos fueron deportados. El año en que una huelga general convocada por la Resistencia paralizó el país y que tristemente terminó con el saldo del traslado de miles de judíos a las canteras de Manthasusen, donde muchos de ellos terminarían suicidándose en grupo.

Mi generación estaba en plena búsqueda de sí misma mientras sucedían todos estos dramáticos acontecimientos. Estábamos empezando a vivir. Yo tenía apenas 27 años. Teníamos miles de proyectos que la ocupación nazi rompió en pedazos. Nos preguntábamos por el sentido de la vida y nos entregábamos a la búsqueda del amor de forma desesperada. Y ahí en ese contexto, desde mi desorden vital, la incertidumbre y el odio atroz que nos rodeaba fue donde conocí a Julius Spier. Vivimos una relación fuera de toda clasificación y norma: primero terapeuta, luego amante, amor, amigo incondicional, mistagogo compañero de búsqueda. No ha y palabras que puedan expresar la libertad del vínculo que nos unía.

Con él aprendí que el amor es libre, pero para que de verdad lo sea hay que liberarlo a cada rato y que las batallas más duras son las que se combaten dentro de nosotras mismos. Me animó a escucharme por dentro, a descubrir mi interioridad y también a escribir mis Diarios como forma, de dar cuenta de mí misma, de hilar mis pensamientos. Me abrió al conocimiento de la Biblia y la mística cristiana. 

Con el aprendí también que no somos lo que la vida nos programa, sino que somos nuestras elecciones. Por eso lo más importante no es lo que nos pasa sino lo que hacemos con ello y en solidaridad con quienes lo vivimos. Por eso, como escribí en mis Diarios, las circunstancias no tienen nunca la última palabra sobre la historia y cuando se tiene vida interior poco importa sin duda el lado de las rejas de un campo de concentración en que una se encuentre (…,)

En esos años fue también aconteciendo en mí, poco a poco, un proceso de transformación interna y de gratitud que me hizo arrodillarme una noche ante el misterio de un Amor mayor que me sobrepasaba y al que tuve el coraje de llamar Dios. Recuerdo que escribí entonces: El sentimiento de la vida es en mi tan fuerte (…) tan lleno de gratitud (…). Me recojo en mí misma, a este nivel de mi ser, el más profundo (…) yo le llamo Dios. A partir de entonces la vida se volvió para mi más clara luminosa e intensa, pese a las condiciones cada vez más adversas que me tocó atravesar.

En 1942, cuando la situación se fue haciendo cada vez más insostenible para mi comunidad los amigos me ayudaron a conseguir un trabajo en el Consejo judío, pero me sentí tan avergonzada al conseguirlo frente a la situación que vivían mis hermanos y hermanas en los campos de concentración, que renuncié a él para pasar a trabajar como asistente social en el campo de Westerbook, donde finalmente fui recluida como interna por mi condición de judía.

Fue allí en el infierno humano de un campo de concentración donde de forma paradójica Dios se me reveló como cuidado, consuelo y esperanza hasta el extremo, haciéndome su partera en los corazones desgarrados de los habitantes de aquel siniestro lugar. Fue allí donde una noche me sentí recostada sobre el desnudo pecho de la vida y abrazada protectoramente con la confianza que ni la guerra ni ninguna otra atrocidad podría cambiarlo jamás. Fue allí donde experimenté con fuerza que el sentido de mi vida no podía ser otro que partir mi cuerpo como el pan y repartirlo entre quienes estaban hambrientos y venían de una larga privación.

Fue allí donde se me reveló que estábamos en presencia de un proceso colectivo y que debíamos aprender a sumirlo desembarazándonos de todas nuestras puerilidades personales porque que nuestra suerte se había convertido en un destino de masas y decidí encargarme y hacerme cargo de ello acompañando a mis hermanos y hermanas en los más sórdidos sufrimientos y sosteniendo sus frágiles esperanzas. En Westerbook descubrí lo que significa acompañar a las personas hasta el extremo y que lo que importa no es seguir viva a cualquier precio, sino el modo de seguir viva.

En la escucha de los acontecimientos y de las personas, en la tarea dolorosa de acompañarlas hasta los convoyes hacia la muerte se me reveló con fuerza que no podíamos sucumbir al odio sino que teníamos que oponer a cada horror el pedazo de bondad y amor que pudiéramos conquistar en nosotras (….), porque cada átomo de odio que añadamos al mundo lo hace aún más inhóspito. Allí descubrí la angustia interior del ser humano en toda su desnudez. Las personas se convirtieron para mí en puertas abiertas invitándome a entrar por sus pasillos más profundos y en ellos desenterrar al Dios, al Amor que creían muerto.

El 7 de septiembre de 1943 mi familia y yo misma fuimos también trasladados a los convoyes de la muerte, dirigido a Auschwitz. No sé de dónde sacamos las fuerzas para subir a ellos cantando. Yo había cargado en mi pequeña maleta una biblia, una gramática rusa y dos tarjetas, una para mi querida amiga Maria Tuinzinga, a quien ya un tiempo antes le había encargado el cuidado y la divulgación de mis Diarios, como crónica de un tiempo que debía ser recordado, y otra para Christine Van Nooten, amiga de la familia. 

Una vez en marcha, sin ninguna ingenuidad sobre el futuro que nos esperaba, pero agarrada a la bondad de la vida y la confianza más allá de toda lógica, dejé caer las postales por una rendija del convoy a las vías del tren, con la esperanza de que llegaran a algunos de sus destinatarios, como así fue. En ellas me despedí de mis amigas y dejé escrito uno de mis salmos preferidos: El señor es mi cámara alta y un mensaje de agradecimiento y confianza en la vida, convencida de que la última palabra no la puede tener el odio, la venganza, la violencia o la muerte, sino la reconciliación y el amor y es necesario apostar nuestras vidas en ello.

domingo, 22 de enero de 2023

LA REVUELTA DE LAS MUJERES EN LA IGLESIA. Revista Éxodo


La Revuelta de Mujeres en la Iglesia es un movimiento de mujeres creyentes nacido en los diferentes territorios del estado español, que denuncia la discriminación de las mujeres en la iglesia católica y propone una reforma de la misma desde la perspectiva de las mujeres. Aglutina a mujeres de larga trayectoria eclesial y también a jóvenes, involucradas en los diversos feminismos. Además de en grupos específicamente de mujeres, en los que trabajamos desde los parámetros de la teología feminista, estamos insertas en diferentes parroquias y comunidades, así como en movimientos eclesiales (HOAC, Comunidades de Vida Cristiana, comunidades de base, etc.) y algunas congregaciones religiosas. No somos recién llegadas.

En este sentido la Revuelta de las mujeres en la iglesia no cae del cielo, sino que nace de una complicidad compartida y sororal: la de Sophia de Dios y la siembra terca y resiliente de los colectivos de feministas cristianas en nuestro país desde hace más de 35 años. Colectivos como El Foro Ecuménico de mujeres (FEM), La Red estatal de Mujeres y Teología, La Asociación de Teólogas Españolas, la Red Miriam de Espiritualidad Ignaciana Femenina, Dones creients, Asociación Mulleres Cristiás Galegas Exeria, etc, y muchos otros. En esta siembra paciente y tenaz hemos ido poco a poco creando espacios de reflexión, acompañamiento, espiritualidad, celebrativos, publicaciones, etc, así como una importante red entre nosotras. Todo este proceso nos ha ido fortaleciendo y empoderando como un sujeto eclesial activo y crítico, convencidas como diría San Ireneo, interpretado con perspectiva de género, que la gloria de Dios es que las mujeres vivan y lo hagan en abundancia.

En este humus, entre octubre del 2019 y enero del 2020, nace la Revuelta de las mujeres en la Iglesia de Madrid y la plataforma Alce la veu, en Barcelona, movimientos confluyentes, aunque con nombres distintos desde la singularidad cultural de cada uno de ellos. El movimiento inicia a su gestación en el contexto de las huelgas feministas convocadas el 8 M y en el que muchas de nosotras y nuestros grupos participamos activamente, así como en diferentes convocatorias donde activistas cristianas feministas nos vamos encontrando en esos años. Nombro algunas de ellas por ser especialmente significativas: El XXII encuentro de Mujeres y Teología, celebrado en Zaragoza, en el año 2018, los 25 años de la publicación del cuaderno Cuándo las mujeres se sienten Creyentes y feministas convocados por Dones HOAC de Barcelona (2018), o la presentación del libro coral Mujeres, Espiritualidad y Liderazgo en la sede de Cristianismo y Justicia, también en Barcelona (2019).

En los diálogos mantenidos aparece siempre un malestar que se torna pregunta incómoda: estamos movilizadas en la sociedad civil ante la situación de las mujeres, pero ¿para cuándo la reivindicación y la propuesta al interior de nuestra iglesia misma?. ¿Cómo empujar una reforma desde las perspectivas de las mujeres y con una profunda inspiración evangélica?. ¿Cómo hacerlo con la mirada puesta en Jesús y su práctica liberadora y transgresora con las mujeres de su tiempo y su contexto? ¿Cómo hacerlo desde el potencial y el bagaje que la cultura de los feminismos ha aportado a nuestra condición de mujeres cristianas?

Las movilizaciones de las mujeres alemanas del movimiento Maria.2. 0 con la boca amordazada, así como la indignación experimentada ante la negación del voto de las mujeres en el Sínodo de la Amazonia y el lanzamiento del video de varias religiosas españolas, que se hizo viral, apoyando la huelga feminista, fue la chispa que encendió el germen de la Revuelta.

Las primeras en lanzar una propuesta de organización fueron las compañeras de Barcelona que lanzaron una convocatoria abierta de mujeres para analizar y movilízanos ante la discriminación en la iglesia. De este modo nace “Alcem la veu,”, que rápidamente se pone en contacto con compañeras de Madrid que secundan la respuesta y la difunden y movilizan por más lugares de la geografía española. Así estalla La Revuelta de mujeres en la iglesia, hasta que a igualdad se haga costumbre que se coordina desde su inicio con grupos internacionales como el colectivo latinoamericano Tras las huellas de Sophia o Voices of faith. Nos aglutina un comunicado en el que planteamos demandas urgentes de reforma en la iglesia que pongan fin a nuestra discriminación y una acción mundial propuesta por Voices of faith: una concentración creativa el 1 de Marzo del 2019 en la puerta de las catedrales de nuestras ciudades.

La pandemia lejos de debilitar el movimiento nos ha hecho más creativas y fecundas. Hoy estamos presentes en más de 19 ciudades de España y con una fuerte organización a nivel mundial. A la vez tenemos una presencia muy activa en el comité ejecutivo mundial de la preparación del Sínodo mundial de mujeres [1] (Catholic womens council), cuyas propuestas están recogidas en el documento “Voces de mujeres voces de todo el mundo”

Estas aportaciones son fruto de un trabajo permanente de talleres que muchas mujeres en muchos lugares del mundo hemos hecho a lo largo del curso pasado en relación con cinco temáticas que nos parecen de urgente abordaje para una reforma radical de la iglesia desde la perspectiva de género: 1) situación de las mujeres en la iglesia, 2) poder, participación y representación, 3) estructura y transparencia, 4) vida sacramental, 5) resistencia y esperanza.

El pasado mes de Octubre una comisión internacional, con representación española entregó este documento, en propia mano, en Roma, a Natalie Becquart, subsecretaria del Sínodo de los obispos, para asegurarnos que llegarán directamente al papa Francisco. Al mismo tiempo estas propuestas están siendo registradas en todos los obispados donde la Revuelta tenemos presencia y en la propia Conferencia episcopal, convencidas que no habrá sinodalidad sin las aportaciones de las mujeres feministas cristianas, porque como decimos en una de las consignas que coreamos en nuestras movilizaciones “nosotras somos el cambio”.

Recientemente acabamos de publicar un libro en colaboración con compañeras de otros continentes, como la teóloga brasileña Ivonne Gevara, la india Kochurani Abraham o la aymara Sophia Chipiana Quispe, contando la historia del movimiento a nivel mundial y nuestras reivindicaciones y complicidades sororales, que ha agotado su primera edición en menos de dos meses[2].

Vivimos un tiempo a la vez de siembra y de cosecha porque, aunque la iglesia apenas ha cambiado desde el Vaticano II en lo que se refiere a las mujeres, las que sí que hemos cambiado hemos sido las mujeres cristianas. Nos hemos hecho mucho más combativas y resilientes desde la fortaleza y el enraizamiento en una tradición silenciada, como han sido las genealogías femeninas en la iglesia y el bagaje de la teología feminista. Nos hemos hecho expertas en sembrar cambios y acompañarlos a base de transgresión y desobediencias. Por eso estamos convencidas que “Lo que otras plantaron, nosotras cosechamos. Plantaron libertades, sueños, desmanes, quejas, lo nuevo, lo porvenir. Les dijeron que no crecería, pero plantaron. Las llamaron locas, pero plantaron, y como lo plantado tenía raíz fuerte (…) todo llegó a nosotras [3] . Del mismo modo La Revuelta de mujeres en la iglesia es hoy una experta sembradora de lo inédito en una iglesia todavía demasiado temerosa al poder de lo femenino en ella. Pero somos atrevidas y seguimos y seguiremos forzando cambios hasta que la igualdad sea costumbre.



Pepa Torres Pérez

Marisa Vidal




[1] https://www.catholicwomenscouncil.org/es/rome-2021

[2] AAVV, La Revuelta de las mujeres en la iglesia, La Imprenta, Madrid, 2022

[3] Slogan del Grupo editorial feminista “horas y Horas, en su colección La cosecha de  las mujeres.

domingo, 18 de septiembre de 2022

Presentación del libro "Revuelta de las mujeres en la iglesia"


Gozada de presentación y gozada de autoría colectiva y sororal. 

Con colaboraciones de activistas y teólogas feministas de India, Abya Yala 

y otros muchos lugares... 

Os esperamos  

miércoles, 14 de septiembre de 2022

Lectura recomendada: Mujer que no poseeré jamás ( Miguel Ángel Mesa)

Mujer que no poseeré jamás (Punto Rojo Libros, Madrid 2022)

Conozco a Miguel Ángel Mesa desde hace más de 20 años y desde que publicó su primer libro: Del desierto a la solidaridad, en el año 1995, soy una asidua lectora de todo lo que escribe, que es tan diverso como polifacética su personalidad. Pero sin duda es su palabra poética la que más me conmueve por su sencillez y su hondura.

Un poeta es alguien que bucea en su interior hasta encontrar la palabra precisa para nombrar lo inefable, la belleza o el horror que traspasa el corazón humano y al hacerlo conecta con experiencias que resultan universales sin renunciar a la singularidad de la propia. Ser poeta es situarse en la realidad con la sensibilidad abierta y a la espera que acontezca el milagro de la palabra que el universo regala a quienes viven sostenidos y sosteniendo en ella. Porque al contrario de quienes dicen que las palabras se las lleva el viento y no sirven para nada, la palabra honda y verdadera, que nace de las entrañas, como la palabra poética de Miguel Ángel, es aliento, caricia, soplo de vida y esperanza que nos moviliza en la búsqueda del derecho a la belleza y la justicia y hacer histórica la utopía.

Así sucede con este nuevo libro. Mujer que no poseeré jamás es una antología del Miguel Ángel Mesa más personal e íntimo y a la vez comprometido con la causa de la liberación de las mujeres, por la equidad de género y contra toda forma de violencia y dominación patriarcal.

Desde hace muchos años su autor se reconoce como un varón feminista en trabajo permanente con otros hombres y mujeres en la deconstrucción de una masculinidad normativa y comprometido en la búsqueda de un nuevo modo de ser varón, más allá del patriarcado. Deconstrucción en la que su mujer Marisa y sus hijos Abraham y Ruth han sido y son fundamentales, pero también tantas amigas y compañeras de militancia en colectivos sociales y acciones feministas en las que Miguel Ángel participa, como decimos en la Revuelta de Mujeres en la Iglesia, hasta que la igualdad y la ecojusticia sean costumbre.

Las protagonistas de este libro son las mujeres. Su autor no pretende otra cosa que seguir caminado codo a codo con ellas en las luchas feministas sin robarles la palabra, el liderazgo ni su protagonismo. Caminar a su lado y agradecer el despertar en su vida de la dimensión femenina que la amistad y el compañerismo con mujeres despiertan en su sentir, en su pensar, en su hacer, en su decir, en definitiva, en un modo nuevo de estar en el mundo, dejando salir el ánima, aprisionada y violentada por tantos siglos de machismo en la vida de las mujeres, pero también en la de los varones.

La tonalidad de los poemas de este libro es también muy diversa. Muchos de ellos han nacido de las experiencias compartidas temporalmente del autor en Centroamérica y del reconocimiento de la aportación de las mujeres campesinas en lo que el mismo llama la revolución de la creatividad, en la resistencia y la apuesta por la vida, como el poema que lleva por título Profunda dignidad. Otros recrean a autores referenciales como Eduardo Galeano con el titulado “Ellas, las nadies”. 


Otros tienen un carácter mucho más íntimo como Déjate o Me vienen ganas de besarte, Me salvas o Transido de luz, pero todos en definitiva son poemas que nos urgen a reconocernos como iguales y a vivir encendidos hasta que despunte el alba de un mundo liberado de la feminización de la pobreza y la violencia de género, prendernos en fuego hasta hacerlo posible. Un libro lleno de belleza y compromiso

.Pepa Torres

martes, 7 de junio de 2022

Genealogías femeninas de la Revuelta de las mujeres en la iglesia: LUZMILA JAVOROVA



Mi nombre es Luzmila y aunque soy una mujer de luz y de palabra, mi vida siempre ha trascurrido en la clandestinidad y mi historia ha sido sometida a la invisibilidad y el silencio

Nací en Checoslovaquia en Brno, 1932, en el contexto de un régimen comunista, en el seno de una familia católica que vivía su fe clandestinamente, formando parte de la iglesia invisible perseguida por el régimen.

Por esta razón la fe y el compromiso como creyente fueron siempre un riesgo vivido desde una confianza incondicional en un misterio mayor de Amor y Gratuidad que desde muy joven experimenté que me habitaba. La presencia de un Amor absoluto que acompañaba y sostenía siempre mi vida en medio de tantas dificultades me empujaba a compartir mi vida con lo más olvidaos e invisibles y a dar razón de mi fe y mi esperanza. Por eso quise ser monja, pero eso me resultó imposible al vivir en un país comunista.

Trabajé en lo que me salía para mantenerme económicamente y mantener a mi familia, pero gran parte de mi jornada, robándole horas al sueño y al descanso lo hacía en las actividades clandestinas de la iglesia católica. Así era nuestra vida como creyentes comprometidos. El arzobispo de Praga, monseñor Vlk, trabajó más de 20 años como un simple limpiacristales mientras organizaba la iglesia clandestina.

Mi dedicación, mi entrega a cualquier hora, desafiando dificultades, mi formación con lecturas que conseguía no se ni como, la forma de narrar el evangelio y conectarlo con nuestra realidad de iglesia invisible y mi responsabilidad en el acompañamiento y el cuidado de las personas, me fue dando una gran autoridad en esta iglesia perseguida.

Mi amistad e incondicionalidad con el obispo de Brno, también clandestino, Félix María Davidek me llevó a compromisos muy fuertes cuando éste fue encarcelado. Quizás por eso cuando en 1964, fue puesto en libertad, el mismo me nombró primero su secretaria adjunta y posteriormente vicaria general. Un nombramiento insólito para una mujer en aquel contexto.

Asumí entonces importantes y arriesgadas responsabilidades en la organización de la estructura de la iglesia clandestina que requería sacerdotes arriesgados y libres. Por eso en un gesto de gran libertad por parte de mi obispo en 1964 fui por ordenada sacerdote con otros curas casados, algunos obispos también casados y cinco mujeres más. La situación de urgencia así lo requería.

De todos ellos y ellas yo soy la única que tras años de silencio he dado ni nombre a reconocer públicamente y mi historia. La iglesia checa no sería lo que es sin el trabajo invisible que tantas mujeres hicimos arriesgando en ello nuestras vidas, ofreciendo nuestras casas para reunirnos, celebrando sacramentos a riesgo de ser multadas o encarceladas.

El Vaticano conocía nuestra existencia y nuestro servicio desinteresado por amor al evangelio y a la iglesia. Pero cuando en 1989 cayó el régimen comunista en nuestro país y se abrió la libertad de cultos todo cambió para nosotras. El Vaticano dictaminó que nuestra ordenación había sido ilícita. Me sentí profundamente utilizada fue entonces cuando decidí guardar silencio y abrir un tiempo de discernimiento y reflexión pensando en lo que fuera lo mejor para mi comunidad, dado que se iniciaba una época nueva llena de esperanza, pese a la decisión del Vaticano sobre la ordenación de las mujeres y los hombres casados en la iglesia clandestina en Checoslovaquia.

En este tiempo intenté fijar una entrevista con el Papa Juan pablo II por medio del cardenal Wyszynski de Polonia, pero sin conseguirlo. Después le pedí ayuda directamente para que me aceptase como lo que era una mujer ordenada. Le escribí una carta», que decía simplemente: «Santo Padre, he recibido la ordenación sacerdotal en estas circunstancias, y ahora se lo comunico». El Papa encargó al cardenal Ratzinger poner orden. Roma negó la validez de mi ordenación sacerdotal y de los obispos y curas casados.

Tristemente el tema se cerró definitivamente. Nuestros nombres y nuestro servicio se arrancaron de esa página de la iglesia, como si no hubieran existido. Por eso en 1995 decidí hacer pública mi historia escribiendo con la ayuda de Miriam Therese Winter un libro que lleva por nombre Desde lo hond.o si queréis conocerme mejor os invito a leerlo.

Mi fe sigue siendo fuerte y se sustenta en el Evangelio más que en la iglesia que es siempre débil, como lo somos cada uno y cada una de nosotras. Hoy sigo colaborando en mi parroquia como responsable de la comisión litúrgica.

Pepa Torres Pèrez




















 

sábado, 16 de abril de 2022

Mujeres del sábado santo : Mujeres de lealtades inquebrantables


 

Vivo cada día para matar a la muerte.

 Muero cada día para parir la vida. 

Y en esta muerte de la muerte 

muero miles de veces y resucito otras tantas.

desde el amor que alienta de mi pueblo a la esperanza

                                      Julia Esquivel ( poeta y activista  guatemalteca) 

Las mujeres discípulas acompañaron a Jesús hasta que sus ojos se apagaron. Su espíritu vive hoy en la mujeres de lealtades inquebrantables de nuestros ambientes: las mujeres fieles a sus opciones hasta el final, pase lo que pase, mujeres que no se venden aunque el poder intente comprarlas o manipularlas. Mujeres de resistencia y resiliencia, expertas en noches y en esperanza activa, contra toda desesperanza.

Este sábado santo podemos:

-Nombrarlas, identificarlas

-Agradecer la suerte de que sean compañeras de vida y causas compartidas

-Mirarles a los ojos y poner la mano en su corazón y preguntarles:

-¿Es posible esperar cuando sentimos que la realidad es un callejón sin salida?

-¿Cómo esperar contra toda esperanza?

-¿Cómo esperan las vencidas, los últimos?

-También con ellas como compañeras recorrer nuestra biografía más reciente :

-¿Cómo hemos aprendido a esperar nosotras mismas cuando nos hemos encontrado teniendo que afrontar situaciones límite?

-¿Cuál ha sido nuestro sostén y ayuda en esos momentos de la vida y cómo poder ofréceselo a otras ?

-¿Qué aprendizajes vitales hemos hecho en la densidad de la noche y los duelos en nuestras vidas?

La esperanza no es una propiedad privada sino un regalo comunitario, un bien común que necesitamos cuidarlo, alentarlo en colectivo. La esperanza se parece a las brasas bajo las cenizas. Necesita el soplido comunitario para que emerja de las cenizas y el fuego se encienda de nuevo. 

La esperanza  de las mujeres nunca es una propiedad privada, sino que es un pan amasado por muchas manos y sabidurías diversas.

martes, 20 de julio de 2021

Restituir la memoria de Maria Magdalena

 A   pocos días de celebrar la fiesta de María Magdalena recomendamos este artículo, de hace ya un tiempo,  para restituir su memoria,  intencionalmente silenciada en el proceso de domesticación de las mujeres en la Iglesia. 

https://alandar.org/creyente/entrevista-carmen-bernabe-maria-magdalena-mujer-iglesia/ 

jueves, 23 de enero de 2020

Comentario al Evangelio,23 Enero

Sigo publicando cada día desde el Blog de la Red Miriam los "Comentarios del Evangelio del año 2020", porque son los primeros publicados por la editorial San Pablo escritos por una mujer. A quienes no sois cristianas o cristianos esto os parecerá una nimiedad, pero no lo es absoluto dada la resistencia de numerosos sectores de la iglesia en abrirse a la perspectiva de las mujeres y al lenguaje inclusivo, A partir de hoy los publicaré también en mi blog, porque algunas personas y grupos me lo están pidiendo y por la polémica que han generado en algunos ambientes conservadores.
Gracias, editorial San Pablo por esta oportunidad y vuestra apuesta por las mujeres. 

                        Comentario al Evangelio,23 Enero

                               Marcos 3,7-12

                     Jesús, la palabra de la vida

La capacidad de atraer y convocar que tiene Jesús no es por sus palabras o discursos, sino que, como dice el texto, la gente acude a su encuentro “al oír lo que hacía”. Es la palabra de la vida y el testimonio lo que hace creíble a Jesús y suscita en la gente deseos de estar con Él y participar de su Buena Noticia. Sus gestos y sus acciones provocan liberación y sanación entre quienes la vida les resulta una carga demasiado pesada y anhelan un mundo y unas relaciones alternativas. Por eso ser sus testigos y "testigas" nos compromete en ser agentes de ese otro mundo y otras relaciones posibles y hacerlo al modo de Jesús, desde su ternura y su cuidado amoroso.